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viernes, 17 de febrero de 2017

EL GENOCIDIO SILENCIOSO - LOS EFECTOS DEL AMIANTO EN LA BAHIA DE CADIZ


El genocidio silencioso. Los efectos del amianto en la Bahía de Cádiz

En nuestra investigación sobre el amianto llegamos a analizar las memorias del Puerto de Cádiz puesto que teníamos la seguridad de que por nuestro puerto entró una gran cantidad de amianto que se destinaba a su uso en numerosas actividades industriales como aislante por su dureza y propiedades ignífugas y efectivamente encontramos datos relevantes que ponían de manifiesto la enorme cantidad de amianto que entró por el puerto gaditano durante muchos años. Concretamente en el periodo de 1965 a 1988 un total de 269.380 toneladas de amianto entraron por el puerto de Cádiz.

Es decir el puerto de Cádiz movió unas cantidades ingentes de amianto, que fueron manejadas por los estibadores portuarios en el desarrollo de las funciones propias de su puesto de trabajo y no hay duda de que esa letal carga se distribuía por la provincia para uso generalizado en la construcción y sobre todo en la industria naval.

Pensamos que la mayor parte del amianto que entraba en el Puerto de Cádiz se destinaba a su manipulación y uso en la construcción de buques en los astilleros de la Bahía, Cádiz, Puerto Real y San Fernando en el astillero militar de Bazán.

Pero además de esa gran cantidad de amianto que entraba, digamos a granel, había otra gran cantidad, probablemente similar, que contenían los barcos que entraban en los astilleros para su reparación, ya que los mamparos y tabiques de los buques se hacían con amianto y al llevarse a cabo su sustitución o reparación salían al aire todas las partículas de este asesino silencioso que es el asbestos.

Como todo el mundo conoce hoy día, el amianto es un agente muy peligroso presente bajo diferentes formas naturales y en numerosas situaciones laborales cuyas fibras al entrar en el organismo humano por las vías respiratorias causa graves enfermedades. Los conocimientos científicos actuales no permiten establecer un nivel de exposición por debajo del cual los riesgos para la salud no existan, por lo que únicamente eliminando la exposición al amianto es como disminuimos el riesgo de enfermedades relacionadas con él.

En lo que respecta a la industria naval, dependiendo del tipo de buque y de sus características, es más o menos necesario recurrir a tratamientos ignifugantes en muchos de sus habitáculos, generalmente en las cámaras de máquinas y calderas, para evitar la posible propagación del fuego a otros lugares. También se usan aislamientos térmicos para evitar la pérdida de calor en elementos como tuberías, motores, etc, y lo mismo para proteger otras zonas o elementos del calor desprendido debido a las altas temperaturas que requiere esos elementos. En otras ocasiones lo que se pretende es evitar la conducción de ruidos desde espacios de maquinaria hasta las zonas habitables. Para todas estas aplicaciones se usaban materiales basados en el mineral de amianto.

El trabajo con amianto o materiales que lo contengan realizado sin las medidas de seguridad adecuadas conlleva la entrada en contacto de los trabajadores con las fibras, contacto que en algunas ocasiones puede producirse aunque el trabajador no esté manipulando este material directamente, debido a la facilidad de las fibras de mantenerse suspendidas en el ambiente de trabajo.

Las personas que se dedicaban a tareas de aislamiento en buques estaban sometidas a altas concentraciones de fibras de amianto constantemente. Pero las exposiciones no se restringían solamente a estos trabajadores sino que, cuando el resto de gremios de trabajadores realizaban sus labores junto a ellos en los barcos, éstos también entraban en contacto con el amianto. Mientras se forraban las tuberías dentro de las cámaras de calderas, u otras salas de máquinas, se originaba gran cantidad de polvo alcanzaba también a mecánicos, ajustadores de monturas a flote, soldadores, caldereros, carpinteros... Este hecho era habitual cuando los barcos estaban próximos a la entrega, ya en esa etapa era normal que muchas de las tareas se realizaran de manera simultánea.

Existía una muy intensa exposición también durante la fabricación de las mantas de amianto en los talleres. Las personas que cortaban los tejidos de amianto, rellenaban y cosían con fibras de amianto estaban expuestas a altos niveles de fibras en el aire. Pero igualmente para todos aquellos trabajadores que permanecían en los alrededores realizando otras tareas.

En el caso de los barcos militares, la presencia de grandes calderas y turbinas de vapor, junto con una mayor seguridad contra incendios, provocaba que la presencia de amianto fuera todavía de más intensidad que en los barcos de uso civil. Esta situación provocó que la exposición a las fibras de amianto en su construcción y en las reparaciones, incluso actualmente, fuera más importante. Y después de la II Guerra Mundial, Estados Unidos nos vendió numerosos barcos en los que había amianto por todas partes y estos fueron los barcos que nuestros trabajadores tuvieron que reparar en los astilleros como Bazan de San Fernando.

Desde principios del XX, existe constancia en la comunidad científica de los efectos y las consecuencias letales de la exposición continuada al amianto para los trabajadores. Y con independencia de investigaciones anteriores que existen desde 1920, ya se relacionó directamente la exposición al amianto con el cáncer de pulmón a partir de 1967, aunque la clave la dio un médico llamado Selikoff en 1964, si bien antes otros epidemiólogos ya habían asociado sin duda la exposición al amianto con la asbestosis y diversos tipos de cáncer, particularmente el de pulmón. Por último la OMS reconoció ya en 1973 que el amianto causaba mesotelioma y cáncer de pulmón, de modo que no cabe duda ya (a pesar de que todavía los representantes de Navantia se atreven a discutirlo) que la exposición al amianto es la causa principal de la asbestosis, por supuesto, pero también del terrible cáncer mesotelioma. Igualmente no cabe la menor duda del efecto que produce en cuanto al incremento del riesgo de padecer cáncer de pulmón. E igualmente se ha reconocido más recientemente que tiene relación con otros tipos de cáncer de las vías respiratorias.

El mesotelioma es un tumor de origen mesodérmico, que se localiza sobre todo en la pleura (entre el 70% y el 90% de los casos), con menor frecuencia en el peritoneo, y muy raramente en el pericardio y la túnica vaginal testicular. Con un periodo de latencia largo resulta muy maligno en la inmensa mayoría de los casos. Así, se suele producir en personas que han estado expuestas de forma laboral al amianto sobre 30 años antes, aunque también se desarrolla en personas con exposiciones laborales al amianto muy breves.

Existen datos epidemiológicos que muestra como la inhalación de fibras de amianto es responsable de más del 90% de las muertes por mesotelioma.

Desgraciadamente al día de hoy ni la quimio ni la radioterapia han demostrado ninguna mejora en el pronóstico de estos enfermos. En la actualidad se están experimentando nuevos tratamientos aunque desgraciadamente sin resultados concluyentes hasta la fecha.

Aunque en los últimos años en el Servicio Andaluz de Salud y también en otras Comunidades como Cataluña, Galicia y País Vasco, se han implementado acertados programas de seguimiento de los trabajadores post expuestos al amianto y con ello se empieza a disponer de ciertos datos estadísticos en cuanto al número de trabajadores que padecen enfermedades derivadas del contacto con amianto y al mismo tiempo seguimiento de sus procesos patológicos, sin embargo es difícil poder llegar a un consenso sobre el número de trabajadores que en los últimos 15 años han fallecido como consecuencia del amianto ya que con anterioridad a estos programas no se identificaba cuál era la causa de los cáncer de pulmón, mesotelioma y otros tipo de tumores que sin duda alguna tiene relación directa con el asbestos, de modo que es probable que hayan sido cientos los trabajadores fallecidos por culpa del amianto aunque no hayan tenido reconocimiento del origen de su padecimiento. Por eso hablamos de un genocidio silencioso: El que se ha producido en los astilleros españoles y entre ellos en los de la Bahía de Cádiz.

Ramon y Jesus Davila Guerrero