La vida de película del anarquista
gaditano que protegió al soldado que rezaba en la Batalla del Ebro
Cártama (Málaga)
24/05/2026 13:01 h
El investigador Ignacio Trillo recupera
la historia de Juan López y Antonio Rebollo y reúne a sus familiares con motivo
de un libro que recoge la fascinante vida del primero, de quien cree que
proporcionó el arsenal de un fallido atentado contra Franco.
Finales de julio de 1938, en un lugar
indeterminado entre Gandesa y Corbera, Terres de l’Ebre. La 16ª división del
Ejército Popular de la República, comandada por Manuel Mora Torres, se dirige
hacia la batalla más decisiva de la Guerra Civil española. Exhausto, Juan
López, anarquista de Jimena de la Frontera, un pueblo corchero de la sierra de
Cádiz, se acerca a un pozo para llenar la cantimplora. Allí escucha el sollozo
de un prisionero, que al sentirse observado arroja algo al matorral. López lo
recoge: es un escapulario cuyas letras bordadas dicen “detente, bala”, por un
lado, y “Señor, protégelo”, por el otro. El prisionero tiembla, cree que va a
morir, y cuenta al anarquista que su abuela se lo colgó al cuello mientras le
decía que le rezara cuando se viera en apuros.
Pero Antonio Rebollo, soldado cartameño enrolado
a la fuerza en el ejército franquista, no murió aquel día. “Si alguna vez
vuelves a ver a tu abuelita le dices que fue un andaluz de Jimena, no creyente,
quien te ha protegido hoy en este lugar; puedes ponerte las medallas que
quieras, ya que somos libres de colocarnos lo que se nos antoje”, le dice el
anarquista mientras le devuelve el colgante. “Le di mi nombre y le insistí para
que se lo contara a su abuela. Luego me alejé de él deseándole suerte”,
escribiría en un cuaderno de cuartilla décadas después.












