Nina en el laberinto
Imagen: la virgen del pilar con un manto de Falange 2018
«Aquellos demonios con sotana eran aficionados a los abusos,
al dinero que sacaban en cada venta, a las juergas y comilonas en suelo
sagrado, por eso nunca quise ir a misa, ni escuchar la palabra de Dios de esas
bocas tan sucias.» Juanita Alonso Alvarado.
«(…) Cuando se llevaban a Nina a la habitación de abajo se
me venía el mundo encima, sabía que de nuevo iban a abusar de ella aquellas
cucarachas con sotana, aquellos perros fascistas. Escuchaba su vocecita, sus
llantos, sus gritos de dolor, pero no podía hacer nada, yo solo tenía ocho
años, era un poco mayor que mi hermana de tres, solo pateaba, me daba cabezazos
contras las viejas paredes de la casa colonial de barrio de Vegueta.
Todo pasó en menos de una semana, desde que sacaron a padre
de la casa de Tecén los falangistas, les dijo que madre había muerto tres meses
antes de tuberculosis, que no se lo llevaran, que los niños se quedarían solos
en aquel barranco desolado. Dijo de todo y más, pero la única respuesta fueron
los disparos en la cabeza del teniente Samper, Guardia Civil y requeté, le
descargó el cargador, delante de nosotros, Saturnina envuelta en la manta no
paraba de llorar, yo me quedé muerto, helado, paralizado viendo a papá en el
charco de sangre y los falangistas riendo.
A las pocas horas ya
por la mañana vino un coche negro a buscarnos, venían dos mujeres muy gordas
vestidas de azul, con crucifijos en el pecho. Nos llevaron a la casa junto a la
Catedral, del obispado dijeron que era, allí abusaron de Nina durante varios
días, a mi me dejaron en paz porque no paraba de vomitar, de hacerme daño
contra las mesas, contra las esquinas de las puertas. Solo quería matarme y
ellos me dejaban, lo que le interesaba al cura con el sombrero de varios picos
y al secretario del Obispo era follarse a mi hermana. A los pocos días de aquel
horror vino una familia de Madrid, un matrimonio, él llevaba medallas en el
pecho de la guerra, vi al cura con un fleje de billetes en la mano contándolos,
todos contentos con la venta de la niña.
No la vi nunca más, a
mi me llevaron a la Casa del Niño en San José, allí intenté matarme varias
veces, me tiré de la torre donde aparece la mujer del vestido blanco, me hice
añicos las piernas y la espalda, por eso estas muletas que llevo de por vida,
por eso me arrastro por esta ciudad de mierda fumándome las colillas de otros,
comiendo de la basura, hasta que no me queden fuerzas para seguir respirando…»
Testimonio de Antonio Luján Cabrera, vecino del barranco de
Tecén entre 1929-1936.
Entrevista realizada por Francisco González Tejera, el 23 de
julio de 2001, en el barrio de San Juan (Las Palmas GC).
Fuente: https://viajandoentrelatormenta.com/nina-en-el-laberinto/