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domingo, 3 de julio de 2016

¿COMO ACABAN LOS COMUNISTAS?


¿CÓMO ACABAN LOS COMUNISTAS?

Michael Padev

EL AUTOR

 

Michael Padev nació en Sofía, Bulgaria, en 1915. Se educó en los Estados Unidos y actualmente es ciudadano británico. Antes de la guerra fue corresponsal del “Times”, de Londres, en los Balcanes y viajó extensamente por Europa Oriental.

Como periodista, autor y conferenciante se ha distinguido por sus penetrantes estudios de los problemas judiciales comunistas, especialmente los “juicios y purgas” comunistas. Su libro sobre el proceso del líder demócrata búlgaro, Nikola Petrov, (que fue ajusticiado por los comunistas en 1947), ha sido publicado, prácticamente, en todos los países del mundo libre.

Este libro ha sido muy elogiado como “devastador análisis” de la justicia comunista. Padev ha vivido y trabajó en Londres desde 1949. Es corresponsal especial de un diario canadiense y colabora con regularidad en varias publicaciones importantes, británicas y americanas.

INTRODUCCIÓN

En este ensayo trato de un solo aspecto del Comunismo en la práctica: el sistema de las “purgas”. Y de un solo aspecto de ese sistema: – la liquidación de Comunistas. Los encarcelamientos y las ejecuciones de los no comunistas no caen dentro del ámbito de este estudio.

Debe subrayarse, sin embargo, que el número de no comunistas, encarcelados o matados, en el mundo Comunista alcanza una cifra mucho mayor que la de comunistas perseguidos y procesados. Antes de comenzar a escardar en sus propias filas, los Comunistas liquidan a todos sus adversarios no comunistas. Ciertamente, los Comunistas sienten gran entusiasmo por el manejo del hacha del verdugo y no vacilan en emplearla tan a menudo y tan implacablemente como sea posible, hasta que les llega de un modo fatal su hora y les toca, a su vez, el turno de ser arrastrados al patíbulo.

La propensión de los Comunistas a matarse los unos a los otros es, según pruebas abundantes aunque horripilantes, una característica típica del Comunismo en el poder. Y si bien las víctimas comunistas del terror comunista no merecen una especial simpatía, la historia de su marcha hacia las celdas de los condenados a muerte merece cuidadoso estudio. Pues revela, quizás

Traducido por M. Selga. México, D. F. Digitalización: KCL. Notamos a simple vista que el sistema de organización social Comunista es un fracaso, desde el momento en que comienzan a actuar como los mismos capitalistas: siempre influenciados por la dupla Gobierno-Capital, inseparables e inmortales mientras exista alguno de los dos.

“¿Cómo acaban los comunistas?” de Michael Padev con más claridad que cualquier otra cosa, la verdadera naturaleza del Comunismo, tanto en la teoría como en la práctica.

 

Londres, Diciembre de 1953.

M. P.

CAPÍTULO I

LOS LEPROSOS

La conocida frase de que la revolución devora a sus propios hijos ha demostrado ser de aplicación rigurosa en las revoluciones Comunistas. Nada parece caracterizar mejor al Comunismo en el poder que las “purgas” comunistas. Desde el establecimiento del primer gobierno comunista en Rusia, en 1917 las depuraciones han eliminado a muchos de los líderes comunistas más importantes en todo el mundo, así como a miles y miles de miembros en las filas del Partido.

Esta matanza en masa de Comunistas, hecha por los Comunistas, aparece como una de las más extrañas ironías de la historia. El Comunista disfruta más de las oportunidades de la vida en el mundo no comunista y capitalista que trata de destruir, que en el mundo comunista que ha ayudado a crear. Un Comunista puede vivir y trabajar con mayor seguridad cuando fracasa en la empresa de comunizar al país en que maniobra. Así que triunfa la revolución comunista, a la cual ha dedicado su vida, los días del Comunista están contados, y lo único que puede esperar ciertamente del futuro es la muerte a manos del verdugo Comunista. La principal característica de los Comunistas, como especie política, es indudablemente el hecho de que matan a sus propios congéneres.

Los Comunistas llegaron al poder en los Estados satélites soviéticos de la Europa Oriental (Albania, Bulgaria Checoeslovaquia, Hungría, Polonia y Rumanía) hace más de diez años, al terminar la Segunda Guerra Mundial. A pesar del poco tiempo transcurrido, la mayor parte de los jerarcas Comunistas de los países satélites han sido ya liquidados. En todos los seis Estados satélites las “purgas” han victimado a más de veinte Vice-Primer Ministros, a unos cincuenta destacados Ministros de Gabinete (inclusive un Jefe de Estado), casi todos los Ministros de Relaciones Exteriores de los países satélites, más de cien generales comunistas y mucho más de mil altos funcionarios de gobierno e importantes funcionarios del Partido.

(Véase el Apéndice para las fechas de detención o ejecución de éstos y otros prominentes líderes comunistas).

Cuan profundamente afectaron las “purgas” a los gobiernos Comunistas resulta de la simple enumeración de los cargos oficiales ocupados por los dirigentes depurados en uno de los Estados Satélites, Bulgaria: El Vice-Primer Ministro; los Ministros de Hacienda, Industria, Obras Públicas, Transportes, Comercio Exterior y Electrificación; el Director del Banco Nacional y la mayoría de sus auxiliares; el Jefe de la Policía Secreta y el Sub-jefe; el Jefe del Departamento Político del Ejército; casi todos los Jefes de los servicios de propaganda del gobierno comunista, empezando por el propio Ministro de Propaganda; el Jefe de la Guardia de Fronteras; el Jefe de la Oficina de Estadística del Estado; el Director del Plan Económico; tres delegados comerciales en el extranjero, etc.

El caso de Checoeslovaquia es aún más impresionante: El Noveno Congreso del Partido (en mayo de 1949) eligió a siete dirigentes comunistas para desempeñar su Secretariado: Clement Gottwald, Rudolf Slansky, María Svermona, Josef Franck, Ladislav Kopriva, Gustav Bares y Stefan Bastovansky. Para fines de 1952, seis de estos siete miembros habían sido ya “purgados”. Dos habían sido ahorcados (Slansky y Franck), tres se sabía que estaban presos (Svermova, Bares y Bastovanky) y uno (Kopriva) había “desaparecido”. Solamente Gottwald parecía haber sobrevivido al baño de sangre; pero, en marzo de 1953, también murió, en circunstancias más bien misteriosas.

En Rusia las “purgas” fueron aún más drásticas. La mayor parte de los hombres que habían hecho la Revolución Comunista Rusa y que habían gobernado el Estado Soviético, desde 1920 hasta 1930, perecieron en las “grandes” purgas de la pre-guerra. Entre los que fueron fusilados como espías y traidores, con o sin “juicios”, citaremos:

9 de los 11 Ministros de Gabinete del gobierno soviético que ocupaban sus cargos en 1936.

5 de los 7 Presidentes del último Comité Ejecutivo Central de los Soviets. (Este Comité era, hasta la adopción de la Constitución de 1936, el equivalente soviético del Parlamento).

43 de los 53 Secretarios de la Organización Central del Partido.

Casi todos los Secretarios de las organizaciones provinciales del Partido.

15 de los 17 jerarcas comunistas que habían redactado la Constitución Soviética de 1936.

70 de los 80 miembros del Consejo de Guerra Soviético.

3 de los 5 Mariscales del Ejército Soviético.

Alrededor del 60 por ciento de todos los generales soviéticos y unos 30.000 oficiales soviéticos.

Más del 80 por ciento de los Secretarios de los Sindicatos Obreros, de organización gubernamental.

Todos los miembros del primer Politburó post-revolucionario (el Gabinete íntimo Soviético de 1917), con excepción de Stalin.

Todos los miembros del Politburó del Partido, tal como quedó constituido después de la muerte de Lenin, también con excepción de Stalin.

Después de la muerte de Stalin, en marzo de 1953, un triunvirato tomó posesión de la dirección del Partido Soviético y del Estado. Lo formaron Malenkov, Beria y Molotov. Pero escasamente cuatro meses más tarde, Beria había sido “purgado” ya, como traidor y agente imperialista. Su caída fue seguida de extensas “purgas” en todas las organizaciones del Partido en la Unión Soviética. (Véase el Apéndice para los nombres, rango y fecha de liquidación de los más importantes líderes soviéticos).

Pero las depuraciones comunistas no afectan solamente a los líderes del Partido. La suerte de los hombres de fila es igualmente dura. Desde 1948, más del 25 por ciento de los miembros del Partido en los Estados Satélites han sido expulsados por actividades “anti-Soviéticas” o “contra el Partido”. De un total de los 8.000.000 afiliados al Partido en los países satélites de Europa Oriental (incluyendo Alemania Oriental) el número de expulsiones oscila entre 2.000.000 y 2.500.000.

En Rusia fueron expulsados de 1.500.000 a 2.000.000 miembros del Partido mediante las varias purgas realiza das entre las dos guerras. Las primeras ocurrieron en 1921, cuando 175.000 de los 585.000 miembros fueron expulsados. Durante la segunda gran purga (en 1928) fueron expulsados unos 260.000 miembros entre 1.300.000. Durante las llamadas “grandes purgas” (1934-39) alrededor de 200.000 miembros del Partido, como promedio, fueron expulsados, cada año. En 1939 el Partido tenía 2.500.000 miembros ¡y alrededor de 2.000.000 de ex-miembros! Es decir, que el Partido “ex-comunista” de la Unión Soviética era casi tan fuerte como el Partido mismo.

Durante la guerra, el número de afiliados al Partido aumentó hasta unos 6.000.000. En el Noveno Congreso del Partido (octubre de 1952) George Malenkov dijo que el Partido Comunista Ruso llegaba a 6.800.000 afiliados.

No reveló ninguna cifra referente a las purgas de la post-guerra (1947-48), las cuáles fueron notoriamente muy extensas.

A gran número de los comunistas expulsados se les envía también a presidio. En los seis Estados Satélites, el número de los comunistas encarcelados (sin contar a sus familias) se calcula fidedignamente en más de 250.000, es decir, alrededor del diez por ciento de los expulsados. El número es mayor en Rusia, donde la detención sigue a la expulsión casi automáticamente.

Pero, en un país Comunista, el miembro expulsado del Partido es liquidado política, social y económicamente, aun cuando no sea encarcelado. Una vez echado del Partido se convierte en un paria. Pierde inmediatamente su empleo en el Partido o en el Estado. El y su familia se ven despojados automáticamente de todos los privilegios a los cuales tienen derecho los miembros del Partido: tarjetas de racionamiento especiales, mejor alojamiento, facilidades especiales para viajar, cupones especiales para ropa extra, vacaciones pagadas, casas de campo, etc.

 

Para el religioso fanático, el hereje ha sido siempre más odioso que el infiel. Con los comunistas fanáticos esto es aún más cierto. No existe ningún ser con menos derechos ni figura más aislada y despreciada entre los millones de “enemigos del pueblo”, en el mundo comunista, que el Comunista en desgracia. En los presidios políticos, en los campos de trabajo esclavo, en los lugares de exilio, se encuentra el expulsado en una situación peor que la del delincuente político no comunista. Un preso o deportado “burgués” puede hallar alguna simpatía entre sus compañeros de sufrimiento. La lealtad personal, los lazos de familia, la pura compasión y, en la mayoría de los casos, los fuertes sentimientos religiosos, hacen la vida algo más soportable.

Pero el comunismo ha rechazado durante años todas estas manifestaciones de la bondad humana y de las creencias religiosas como “prejuicios burgueses”. Durante años se ha reído de la misericordia como de una forma inútil y pasada de moda, propia del sentimentalismo capitalista. En su hora de sufrimientos no puede esperar compasión alguna.

Además, el comunista detenido o deportado aparece en los presidios políticos, campos de trabajo forzado o lugares de destierro, como el villano de antaño. Se encuentra rodeado de gentes -presos o deportados políticos-que han sufrido cruelmente a manos de los comunistas.

Para él, ellos son todavía “enemigos de clase”. Para ellos, él es el representante de un régimen que detestan, o tal vez el mismo hombre directamente responsable de sus desventuras. Nada que no sea una profunda enemistad puede hacer que se mantenga a un hombre aislado durante meses y años en la misma celda de la prisión, o en el mismo barracón del lugar de confinamiento. Completamente aislado e intensamente odiado por todos, el comunista en desgracia -esté encarcelado o no-es el verdadero leproso del mundo comunista.

CAPÍTULO II

VIDA Y MUERTE DE LA COMINFORM

La brutalidad de las “purgas” comunistas halla su mejor ilustración en la historia de la Cominform, la organización internacional Comunista fundada en 1947 para reemplazar al Comitern de la pre-guerra. La Cominform se integró con los Partidos Comunistas de la Unión Soviética. Polonia, Checoeslovaquia, Yugoeslavia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Francia e Italia.

Su sede se estableció en Belgrado, y el primer número de su órgano oficial, “Por una Paz Duradera, Por una Democracia del Pueblo”, permitió escasas dudas de que Moscú consideraba a la Cominform como su arma política más importante para la Guerra Fría contra Occidente.

Sin embargo, en los últimos recientes años, la mayor parte de las principales personalidades de esta agencia central, directora de la política comunista en Europa, fueron liquidadas como traidoras y espías. En la primera reunión de la Cominform, celebrada en septiembre de 1947, en Polonia, los Partidos Comunistas de los Estados Satélites estaban representados por doce delegados. ¡Poco tiempo después; seis de ellos fueron “desenmascarados” como agentes del enemigo! En la segunda reunión de la Cominform, celebrada en junio de 1948, en Rumanía, los partidos de los satélites estaban representados por catorce delegados. Siete de ellos cayeron luego, ¡víctimas de las “purgas”!

La tercera reunión de la Cominform se celebró en noviembre de 1949, en Hungría. Era una reunión convocada especialmente para denunciar al Partido Comunista Yugoeslavo como una “banda de asesinos y espías”. Sin embargo, seis de los quince delegados que estuvieron presentes fueron subsecuentemente liquidados ¡como agentes secretos titoístas!

El record de la traición fue batido por el Partido Comunista Checoeslovaco. Sus dos delegados a la primera reunión de la Conminform resultaron traidores; en la segunda, resultaron traidores tres de sus cuatro delegados; y en la tercera reunión lo fueron todos los delegados checos: ¡cuatro de los cuatro!

Las liquidaciones en la Europa Oriental muestran otra extraña y típica característica de la purga Comunista; su completa preparación y su cuidadoso escalonamiento en el tiempo. Las purgas envolvieron a los Estados Satélites uno tras otro en etapas graduales. El verdugo asestaba el golpe un día en Budapest, al siguiente en Praga, el tercero en Varsovia o Sofía, con una regularidad implacable, reveladora de la existencia de una autoridad depuradora central.

En febrero de 1948, Moscú comenzó su ofensiva contra el Partido Comunista Yugoeslavo, que terminó con expulsar a Yugoeslavia de la Cominform en el mes de junio siguiente. La acción contra el Partido Comunista Rumano, se decidió al mismo tiempo. Lucretiu Patrascanu, que había sido principal Jefe del Partido en Rumanía y Ministro de Justicia desde el final de la guerra, fue detenido en febrero de 1948, y “desapareció” poco después. En junio de 1948 el Comité Central Búlgaro fue convocado para escuchar la “crítica, y fraternal consejo” del Comité Central del Partido Soviético. En el siguiente septiembre, descargó el golpe sobre el Secretario General del Partido Comunista Polaco, Wladislaw Gomulka. Después de una sesión tormentosa del Comité Central del Partido Polaco, fue obligado a pedir “licencia por enfermedad”.

En enero de 1949, en una reunión del Politburó en Sofía, el Vice-Primer Ministro búlgaro, Kostov, fue atacado por actividades anti-Soviéticas. Hacia fines de marzo, Dimitrov, el Primer Ministro Búlgaro, había sido llevado rápidamente a Rusia debido a “mala salud”. Kostov fue expulsado del Politburó y destituido como Vice-Primer Ministro, en el mes de abril.

Entonces tocó el turno a Hungría, Rajk y sus amigos fueron detenidos en mayo de 1949. Al mismo tiempo comenzó en Tirana el proceso, contra Xoxe, Ministro del Interior (Policía) de Albania. En junio; Xoxe había sido ya ejecutado, y el 2 de julio, Dimitrov moría misteriosamente en Moscú.

Durante el otoño de 1949, las “purgas” se intensificaron en Bulgaria, Hungría y Polonia. En Checoeslovaquia comenzaron también las primeras detenciones de comunistas destacados: Kostov fue detenido en Sofía en agosto; Rajk fue juzgado en septiembre y fusilado en octubre.

Varios prominentes Ministros del Gabinete Búlgaro fueron arrestados en la misma época. Vilem Novy, Director del diario del Partido Checoeslovaco “Rudé Pravo”, fue encarcelado en octubre.

En noviembre, Gomulka fue expulsado del Partido Comunista Polaco. En diciembre, Rostov fue juzgado y ahorcado en Sofía.

En el curso de todo el año 1950, las detenciones y las “purgas” continuaron sin amainar. Entre las víctimas más importantes estaban: Kelezi -miembro del Politburó y Ministro de la industria de Albania-, Petrov -Procurador General comunista de Bulgaria-y Cliszko -Jefe del Departamento de Personal (Cuadros) del Partido Comunista Polaco-. Clementis, el Ministro checo de Relaciones Exteriores, fue destituido en marzo, pero permaneció “en libertad” durante un año más.

Al mismo tiempo, fueron purgados importantes jefes comunistas de Hungría. Entre éstos figuraban: Szakasits -un ex-socialista que había pasado al comunismo y había ocupado el cargo de Presidente de la República-, Zold -Ministro del Interior-, Kallai -Ministro de Relaciones Exteriores-, y Donath -Jefe del Gabinete del Primer Ministro Rakosi-. En Polonia, el General Marian Spychalski, miembro del Politburó y Vice-Ministro de Defensa, fue detenido en noviembre.

Durante todo el año de 1952, las “purgas” se extendieron al Partido Comunista Rumano. En marzo, Vassile Luca, Vice-Primer Ministro, miembro del Politburó y Ministro de Hacienda, fue destituido del cargo. Teobari Georgescu, otro Vice-Premier, miembro del Politburó y Ministro del Interior (Policía), sufrió la misma suerte unas cuantas semanas más tarde. Anna Pauker, Vice-Primer Ministro, miembro del Politburó y Ministro de Relaciones Exteriores continuó la serie, en mayo.

Un nuevo grupo de dirigentes comunistas fue encarcelado en Checoeslovaquia, en febrero de 1952. Entre ellos estaba Stefan Bastovansky, Secretario General del Partido Comunista Eslovaco. El gran proceso de la “conspiración de Slansky” comenzó en noviembre, y para el 3 de diciembre Slansky y otros diez gerifaltes comunistas checos habían sido ahorcados. En abril de 1953 fue arrestado, en Varsovia, el General Waclaw Komar, subsecretario de Defensa.

Después de cada una de las destituciones, encarcelamientos o ejecuciones de jefes del partido en los países satélites, la prensa comunista tuvo el cuidado de anotar el papel decisivo de Moscú en la depuración. A los comunistas caídos se les acusó invariablemente de abrigar “sentimientos nada amistosos” hacia “la gran Unión Soviética” o de “menospreciar el valor de la experiencia soviética”. Tal vez, lo más revelador a este respecto fue el telegrama que el Gobierno Búlgaro le envió a Stalin, después de haber ahorcado a Kostov (diciembre de 1949).

El telegrama contenía el siguiente párrafo significativo:

“Solamente gracias a sus sabías y oportunas instrucciones, estimadísimo Camarada Stalin, logramos descubrir a los enemigos de la República cobardemente agazapados… Sólo su mirada profundamente penetrante pudo ver a tiempo la gavilla criminal de espías organizada por Kostov”.

CAPÍTULO III

LA BEFA DEL JOROBADO

En la imaginación pública, las purgas van generalmente aparejadas con los “juicios” espectaculares Comunistas. Sin embargo, el “juicio” comunista no es, en modo alguno, una característica típica de la purga comunista. Solamente a un pequeño número de los comunistas detenidos se les somete a juicio público. A la inmensa mayoría se les liquida “administrativamente”, para decirlo con una expresión comunista. Sus “sentencias” son pronunciadas por comités secretos del Partido o por tribunales especiales de prisión. Tales sentencias ni se publican en la prensa, ni se comunican a la familia de la víctima.

De los muchos millones de encarcelados durante las purgas soviéticas sólo unos pocos centenares fueron efectivamente “juzgados” por tribunales públicos. Los famosos “procesos” de Moscú de los años 1930, por ejemplo, afectaron, en total, a cincuenta y cuatro personas. Las purgas soviéticas anteriores a la guerra dieron lugar, solamente, a tres grandes procesos públicos:

1.-El “Proceso de los Dieciséis”, o, en lenguaje Comunista, del “Círculo Terrorista Zinoviev-Trotskista”, celebrado en Moscú, en agosto de 1936, contra un grupo de jefes comunistas que incluía a Zinoviev y Kamenev.

2.-El “Proceso de los Diecisiete”, o del “Trotskista anti-Soviético”, celebrado en Moscú, en enero de 1937. Radek y Paytakov fueron los miembros más prominentes de este grupo.

3.-El “Proceso de los Veintiuno”, o del “Bloque anti-Soviético Trotskista-Derechista”, celebrado en Moscú, en marzo de 1938, con Bujarín, Rykov y Yagoda, como principales acusados.

Análogamente, en la Europa Oriental, los juicios públicos han sido muy pocos. De los 250.000 comunistas que se calcula fueron detenidos en los Estados Satélites, menos de 200 van sido oficialmente juzgados por un tribunal comunista, es decir, menos de una décima del uno por ciento. En los cinco años comprendidos entre 1949 y 1953 solamente ha habido cuatro grandes procesos de líderes comunistas en los Satélites: el del grupo Xoxe en Albania, en junio de 1949; el del grupo Rajk en Hungría, en diciembre de 1949, y el del grupo Slansky en Checoeslovaquia, en noviembre de 1952.

En los juicios soviéticos de la pre-guerra todos los acusados se declararon culpables, hicieron completas confesiones y manifestaron por adelantado que aceptarían la sentencia que fuera, inclusive la de pena de muerte. Todos ellos aparecieron como voluntarios para la horca. En el “proceso de los Veintiuno” (marzo de 1938) Nikolay Krestinsky, ex-Vice-Ministro del Exterior soviético, se defendió como inocente durante el primer día del juicio. Pero al día siguiente se le había hecho cambiar de opinión. Había declarado “ser inocente”, explicó, debido a su “estado de salud” ya “falsa vergüenza”. Ahora rogaba al tribunal que aceptara su confesión de culpabilidad “plenamente y sin reservas”.

Pero los juicios de los Estados Satélites no fueron todos, en modo alguno, juicios de “confesiones”. Xoxe de Albania alegó ser inocente. Se deduce con claridad de la colérica relación del proceso, publicada por el Gobierno Comunista de Albania, donde se acusa a Xoxe de haber “tratado de evadir” su responsabilidad “engañando al tribunal”.

En los juicios de Rajk y de Slansky todas las confesiones se ajustaron a la fórmula. Rajk declaró: “Estoy plenamente de acuerdo con la mayoría de los pronunciamientos del Fiscal.…

Declaro por adelantado que “cualquiera que sea la sentencia, la consideraré justa…”

El proceso de Slansky produjo confesiones inverosímiles, de culpabilidad y anhelos de fuertes castigos, -aún más increíbles-. He aquí algunos ejemplos:

Slansky: –“El enemigo de dentro es el enemigo más peligroso. Yo era esa clase de enemigo… Todas las gentes honradas maldicen hoy mi nombre…”

Frejka: –“Junto con mis cómplices, cometí horribles sabotajes en la industria…”

Clernentis: –“Sí, confieso que me convertí en traidor…”

Simone: –“Como conspirador soy responsable de todos los actos y de todos los crímenes de cada uno de todos los judíos pertenecientes al Círculo de conspiradores… Merezco ser ahorcado…”

Kostov, en cambio, alegó ser inocente durante todo el juicio. Sus tres jueces y los fiscales sintieron pánico ante su actitud de reto. Su “defensor” trató de razonar con él para convencerlo de que se declarara culpable. Pero Kostov permaneció inconmovible y en su “último alegato” rechazó enfáticamente todos los cargos que se le hacían.

La salvaje crueldad con que se trata a todas las víctimas de las purgas sigue siendo la característica más impresionante de la técnica Comunista de liquidación. Inmediatamente que un comunista cae en desgracia, se le califica como si fuera el peor criminal sobre la tierra. No se le da ninguna oportunidad para defenderse y no se le tiene ninguna consideración ni misericordia.

Durante los juicios de la purga soviética se llamó a los acusados “perros rabiosos”, “bestias con figura humana” y “malditos reptiles”. En su requisitoria final, el Jefe de Fiscalía, Vyshinsky, invocó el día en que crezcan el “cardo y la cizaña” sobre las tumbas de estos “execrables traidores”. Los “doctores-asesinos”, detenidos en Moscú en enero de 1953, fueron llamados por la prensa soviética “monstruos de la especie humana” y “asesinos en batas blancas”. El hecho de que fueran libertados tres meses después, muestra aún más gráficamente la estolidez de la propaganda comunista, la cual atacó tan ruinmente a gentes cuya “culpabilidad” no había sido declarada ni siquiera por un tribunal soviético.

El día en que se abrió el juicio contra Slansky (20 de noviembre de 1952), Radio Praga dijo: “El proceso demostrará cuán peligrosa y astuta es la pandilla de canallas que ha sido capturada…

Ahora se enfrentan al juicio de la nación. Este juicio será duro, pero justo”. El mismo día “Rudé Pravo”, diario comunista checo, halló que “los acusados eran abortos que hacía tiempo habían perdido el derecho de llamarse hombres. Cuando se les mira, uno recuerda los cuadros de Corea, las arañas, sabandijas y jatas que llevan consigo la peste, el tifus y el cólera”.

El 27 de noviembre de 1952, Radio Praga transmitió una carta escrita por Thomas Frejka, hijo del acusado Ludvig Frejka. El hijo dijo del padre: “Pido la pena más severa, la pena de muerte, para mi padre. Precisamente comprendo ahora que este ser, que no merece ya llamarse hombre, fue mi mayor y más encarnizado enemigo. Como comunista fiel yo sé que mi odio por todos mis enemigos, especialmente el odio a mi padre, me fortalecerá siempre en mi lucha por el futuro comunista de nuestro pueblo…”

La misma ferocidad con el acusado se mostró en el juicio contra Kostov. "Pravda", de Moscú, califico a Kostov de “astuto, experto y resuelto enemigo” con una “voz suave y untuosa” con “los taimados ojos de un ladrón”. “Pravda” también observó que la “corcovada espalda” fue maliciosamente explotada por los caricaturistas comunistas de toda la Europa Satélite. Kostov apareció en la primera página de toda la prensa comunista con figura de enano, arrastrándose por dinero a los pies de sus “amos anglo-americanos”.

Kostov quedó jorobado en 1924. Fue cuando lo metieron en la cárcel acusado de organizador comunista y fue torturado en la ergástula de la policía de Sofía. Habiéndose negado obstinadamente a revelar nada de la organización ilegal del Partido y no pudiendo soportar por más tiempo los métodos de “tercer grado” de sus inquisidores, Kostov se lanzó por la ventana del cuarto piso del edificio de la Policía para librarse con la muerte. Pero, al dar el salto en el vacío, su cuerpo cayó sobre unos alambres del teléfono, que amortiguaron el choque, y lo salvaron de morir. Permaneció enyesado en el hospital de la prisión durante casi un año y quedó inválido para el resto de su vida. La literatura comunista oficial lo había presentado como uno de los mártires de la Internacional Comunista. La joroba, que “Pravda” encontraba ahora tan chistosa, había sido su honrosa cicatriz durante veinticinco años.

CAPÍTULO IV

JUSTICIA A LA VYSHINSKY

En su obra “La Ley del Estado Soviético”, Andrey, Vyshinsky,1 la primera autoridad jurídica soviética, explica, con, gran minuciosidad, que la misión de un tribunal comunista es “destruir sin piedad alguna a todos los enemigos del pueblo, sea cualquiera la forma en que pretenden manifestar su criminal oposición al Socialismo”. Todos los tribunales, alega, son “esencialmente un instrumento de la política de clase”. La justicia comunista es, por lo tanto, un “arma de represión en manos de la clase trabajadora".

“El Juez Comunista”, sigue diciendo Vyshinsky, no debe atenerse tan solo a la lógica jurídica; debe tener siempre presente que la ley no es sino la expresión de la “política del Partido”. Cuando la línea del partido está en conflicto con la ley, el Juez Comunista, Vyshinsky subraya, “debe rechazar sin vacilaciones la estricta aplicación de la ley a fin de prestar absoluta obediencia a las directrices del partido, las cuales representan, para él, la ley suprema”.

Es obvio que un enjuiciamiento comunista no es un juicio en el sentido corriente de la palabra. Es, por lo tanto, inútil el tratar de comprender la naturaleza de las purgas en términos judiciales. Las “confesiones”, análogamente, carecen de significación si se entienden con valor de prueba para deducir la culpabilidad o la inocencia del acusado. Incidentalmente, detrás de la Cortina no se considera que las “confesiones tengan nada de misteriosas”. Durante los muchos años que pasaron en prisiones soviéticas Godin y Beck -como lo han explicado en su libro “La Purga Rusa”-nunca tropezaron con nadie, ni siquiera entre los comunistas más fanáticos que real y seriamente creyeran en las “confesiones”. En las celdas de la prisión, todos los presos se reunían para componer una “confesión” para un preso que la necesitara, es decir, uno que tuviera que comparecer a interrogatorio. Había verdaderos especialistas en este ramo y eran

1 Vyshinsky fue el principal Procurador en los procesos de la purga de Moscú durante los años de 1930. Es generalmente considerado la primera autoridad en Leyes soviéticas. Después de la muerte de Stalin fue nombrado Delegado soviético ante las Naciones Unidas, hasta que murió.

Trasladados de celda en celda por las autoridades de la prisión con el propósito de “ayudar” a los presos a redactar sus “confesiones”.

Otra víctima de las purgas Comunistas, el ex-comunista austríaco Alex Weissberg, relata en su libro, “Conspiración del Silencio”, cómo varios de los investigadores, que habían tratado de persuadirlo a él para que “confesara”, fueron detenidos y metidos en la cárcel junto con él. Pero esto en nada afectó a su propio interrogatorio. Aun se le forzó a confesar que había conspirado contra quienes, a su vez, habían confesado ya ser ellos mismos, conspiradores y traidores. En algunos casos los “traidores” habían sido ya ejecutados, mientras que a Weissberg se le seguía acusando todavía de conspirar contra ellos.

Sería ciertamente fútil el enumerar incluso las mentiras más detonantes y las fantasías más grotescas que se escriben en los procesos comunistas. De todos modos, las mismas autoridades comunistas no las toman en serio. Durante el juicio de los criminales de guerra nazis en Nuremberg, el gobierno soviético, que era una de las cuatro potencias acusadoras, tuvo la oportunidad de acusar a los jefes nazis de haber organizado las conspiraciones “descubiertas” durante las purgas soviéticas. En los procesos de las grandes purgas Vyshinsky había “probado” que todos los acusados eran agentes alemanés, que habían complotado para matar a Stalin por orden de los alemanes y que habían convenido en dejar que Alemania se anexara a casi la mitad de la Rusia Europea. Sin embargo, el Fiscal Soviético en Nuremberg ¡ni siquiera mencionó estos crímenes de los nazis!

Además, casi todos los archivos alemanes, inclusive los más secretos documentos de Estado militares nazis, cayeron en manos de los aliados después del colapso de Alemania. Los más importantes de estos documentos han sido publicados ya en Gran Bretaña, Estados Unidos y Rusia. Ni uno solo de ellos contiene prueba alguna de las supuestas “relaciones criminales” entre los nazis y los jefes soviéticos liquidados.

Análogamente, si uno ha de creer que Beria era el espía, agente extranjero y traidor, que se ha proclamado que fue, es inevitable deducir:

1º. Que uno de los cinco miembros principales del Gabinete de Guerra Soviético, durante la Segunda Guerra Mundial, era un espía.

2º. Que uno de los auxiliares de mayor confianza de Stalin, durante los últimos veinticinco años, no era un comunista, sino un agente capitalista.

3º. Que el hombre encargado de la seguridad interna soviética, estaba conspirando para derribar el régimen soviético, desde 1938.

4º. Que por medio de Beria, que era su agente, las “potencias imperialistas” (Estados Unidos y, es de presumirse, la Gran Bretaña) han controlado y supervisado todos los proyectos soviéticos de energía atómica de la postguerra. Es una explicación del por qué los Soviets hayan desarrollado tan pronto la bomba atómica y la de hidrógeno.

¿Y qué debería pensarse de la sagacidad política de Malenkov, de su conocimiento de los hombres y de sus fuentes de información, si resulta que él nombró a un traidor cómo su primer lugar-teniente en el Gabinete Soviético y confió a un espía el Ministerio del Interior, solamente cuatro meses antes de que se “desenmascarara” a este traidor y espía?

Las acusaciones contra los jefes comunistas, liquidados ya, de los países satélites, son igualmente ridículas. Hemos visto antes que los comunistas purgados tuvieron en sus manos la política y los destinos de los partidos comunistas de la Europa Oriental, durante muchos años. Si es verdad que fueron traidores, espías y agentes angloamericanos, la consecuencia lógica sería que los partidos comunistas en los Estados Satélites han estado dirigidos y controlados por los servicios secretos británico y norteamericano, casi desde el día de su fundación.

Si Rajk, de Hungría, había sido un agente norteamericano -como “se probó” en su juicio-entonces debiera culparse al gobierno norteamericano de la trágica suerte del Cardenal Mindszenty, porque Rajk fue quien ordenó la detención y organizó el proceso contra el Cardenal. Si Kostov había estado obedeciendo órdenes británicas -como “se probó” en la vista de la causa-entonces debiera hacerse responsable al gobierno británico de la muerte del líder búlgaro de la oposición, Nikola Petkov, que fue ahorcado en septiembre de 1947, por órdenes explícitas de Kostov (Kostov, era, en aquel tiempo, Primer Ministro interino de Bulgaria). Si Slansky había sido un íntimo agente angloamericano -como lo confesó en su proceso-debiera considerarse el Golpe Comunista Checo de febrero de 1948, organizado por él, como un acto angloamericano y no como un acto comunista. Finalmente, la misma Cominform debió de haber sido planeada y organizada por los Servicios de Inteligencia anglo-americanos: ¡recuérdese que una gran mayoría de los líderes satélites de la Cominform resultaron estar a sueldo de los británicos y norte-americanos!

Lo absurdo de estas acusaciones puede verse mejor si se compara la propaganda comunista, después de la purga, con la precedente literatura oficial del Partido. Tomemos primero los casos de los dos Secretarios Generales ahorcados: Kostov y Slansky. El 17 de junio de 1947, con ocasión de su quincuagésimo cumpleaños, el Comité Central del Partido Comunista Búlgaro cantó las alabanzas de Kostov con las palabras siguientes:

“Grandes son tus hazañas, Camarada Kostov, como constructor del Partido, como maestro e instructor de los miembros del Partido. Bajo tu dirección e inspirados en tu ejemplo heroico, millares de afiliados del Partido se educaron en la absoluta lealtad al Partido.

“Hoy, como Vice-Primer Ministro de un gobierno encabezado por el sabio conductor del Partido y del pueblo, Camarada George Dimitrov, eres su mano derecha. Eres el ejecutor directo de la reconstrucción económica del país, del plan económico, del gran trabajo de construcción de nuestra República.

“Tus profundos conocimientos teóricos marxista-leninistas, tu gran cultura, tu famosa actividad y perseverancia, tu modestia, tu voluntad de hierro, tu indiscutible lealtad al Partido y a la clase trabajadora, son las brillantes características bolcheviques que embellecen tu vida de lucha, unida para siempre a la lucha del Partido.

“Colega leal de Dimitrov y su primer auxiliar, ¡eres hoy uno de los más queridos y respetados jefes de nuestro Partido, un gran estadista y constructor de la nueva Bulgaria!”

Unos dos años más tarde, cuando Kostov compareció ante el Tribunal del Pueblo que lo mandó a la horca, el periódico del gobierno comunista de Sofía habló de Kostov en los términos siguientes:

“En el banquillo de los acusados estaba Traycho Kostov, taimado embustero, el conocido sectario de izquierda y divisionista, el experto agente provocador del Servicio de Inteligencia británico, el más íntimo colaborador del espía y traidor Tito, el repugnante, criminal, escoria de la sociedad, que desvergonzadamente trató de repudiar su confesión escrita”.

Veamos ahora la biografía de Rudolf Slansky, en sus dos versiones, antes y después de la purga:

“Me encontré en la misma posición política que los enemigos Clementis, Svermova, Sling y otros, y los puse en puestos importantes de la administración del Estado y del Partido. Como yo tenía una alta posición en el Partido asumí la dirección de esta conspiración contra el Estado”.

(Radio Praga, 20 de noviembre de 1952), reproduciendo las “confesiones” de Slansky).

“El entusiasmo del Camarada Slansky por los ideales leninistas, su profunda devoción al Partido Comunista, su ferviente amor por la Unión Soviética y el Camarada Stalin, han hecho de él el blanco del odio infame de los enemigos y miserables traidores, tales como Sling, Svermova, Clementis y otros semejantes. En sus criminales conjuras contra el Partido y la República, aparte de su odio contra el Camarada Gottwald, estos traidores dirigieron su inquina, principalmente, contra el Camarada Slansky”.(“Rudé Pravo”, diario oficial comunista, 31 de julio de 1951).

“Al preguntársele la forma en que él y su grupo de conspiradores habían trabajado en líneas semejantes a las de Tito, Slansky explicó que él había permitido establecer en Checoeslovaquia a una vasta red de agentes titoístas”. (Radio Praga, 20 de noviembre de 1952).

“Sobre los hombros del Camarada Slansky ha descansado la responsabilidad de la defensa del Partido contra sus enemigos”. (“Rudé Pravo”, 31 de julio de 1951).

“Por indicación del Primer Ministro, el Presidente de la República relevó a Rudolf Slansky de su condición de miembro del gobierno y de su puesto de Vice-Primer Ministro. Rudolf Slansky dimitió su puesto en la Asamblea Nacional. Mientras se investigaban las actividades de un grupo que conspiraba contra el Estado se han descubierto cosas desconocidas hasta ahora, las cuales prueban que Slansky había participado en actividades subversivas. Se le ha detenido para proseguir la investigación”. (Declaración oficial hecha por el Presidente de la República el 28 de noviembre de 1951).

“Por recomendación del gobierno de la República Checoeslovaca le confiero la Orden del Socialismo al Secretario General Rudolf Slansky, por sus relevantes y excepcionales méritos en la construcción del Socialismo en la República Checoeslovaca”. (Declaración oficial hecha por el Presidente de la República, el 30 de julio de 1951).

Finalmente, he aquí unos cuantos de los epítetos empleados por Radio Moscú y la prensa soviética para calificar a Beria (después de su caída):

“Cobarde, renegado, enemigo ruin, enemigo maldito, despreciable traidor y aventurero, bandido despreciable y artero, traidor, vil, infame, canalla, bastardo, enemigo perverso, degenerado burgués, agente imperialista, perro rabioso, bellaco, provocador, ideólogo mercenario, embustero profesional, Judas tres veces maldito…”

Sin embargo, “Pradva” órgano oficial del gobierno soviético, había calificado al mismo Beria (antes de su caída) de “fiel compañero de armas y discípulo de Stalin”. Según la “Gran Enciclopedia Soviética” (edición de 1950), Beria era “uno de los dirigentes más destacados del Partido Comunista y del Gobierno Soviético”.

CAPÍTULO V

DE LA DESVIACIÓN A LA TRAICIÓN

A menudo se explican las purgas, e incluso se excusan, por las condiciones de “guerra civil” que se suponen han de arrostrar los comunistas al capturar el poder en un Estado. El Reinado del Terror, durante la Revolución Francesa, se cita como ejemplo para probar que todos los revolucionarios de la historia han sido crueles y despiadados. No hay ninguna razón -prosigue el alegato-para esperar que un revolucionario Comunista sea una excepción a esta regla general. No se puede hacer una tortilla sin romper huevos.

Pero, las purgas Comunistas no son el resultado de condiciones de “guerra civil”. En esto difieren profundamente de la efusión de sangre de la Revolución Francesa y de similares trastornos de la historia. El Terror francés fue parte substancial de la guerra civil. Fue, como si dijéramos, la continuación del combate desesperado en las barricadas. La terrible dictadura de Robespierre no fue otra cosa que un breve período de frenesí y pasión que se consumió a sí mismo, en cuatro meses. Y en resumidas cuentas, todo el Reinado Francés del Terror no duró más de un año.

Las purgas Comunistas, en cambio, son actos deliberadamente planeados, cuidadosamente acompasados al tiempo, industriosamente escenificados, que se efectúan después que los Comunistas alcanzan el poder y consolidan su régimen. No hay en ellas nada casual, nada de caótico, nada de “guerra civil”. No son actos de pasión revolucionaria, sino el resultado de una fría premeditación. Las purgas soviéticas alcanzaron su clímax a finales de los años de 1930, unos veinte años después de la Revolución Rusa. En los Estados Satélites no comenzaron sino en 1948, posteriormente a la completa consolidación de la dictadura Comunista.

Inmediatamente después de la muerte de Stalin, cuando sus sucesores no estaban todavía muy seguros en sus respectivas posiciones, el triunvirato de Malenkov, Beria y Molotov pareció unido. Pero cuatro meses después, cuando Malenkov había consolidado su poder, lanzó el ataque a Beria con la velocidad del rayo y pudo eliminarlo sin turbulencia alguna de “guerra civil”. Fue un golpe perfectamente planeado y ejecutado “desde arriba”.

Cuando los Comunistas se sienten firmes en la silla del poder, comienzan a poner en práctica sus teorías de gobierno. Expiden decretos para nacionalizar totalmente la industria, el comercio y todas las demás actividades económicas del país. Colectivizan la tierra y establecen su completo control en la educación, la literatura, la religión, la música, la ciencia y el arte.

El obligar a cumplir estas medidas de gobierno no es asunto fácil. La dictadura Comunista es una dictadura totalitaria, en el verdadero sentido de la palabra. Quiere controlar, absolutamente, todos y cada uno de los campos de la actividad humana. Pero los seres humanos no se someten voluntariamente a este control absoluto. Para lograr la obediencia, los Comunistas deben emplear la fuerza. No tienen otra manera de gobernar un Estado, por la sencilla razón de que ningún pueblo aceptaría jamás el Comunismo o toleraría un Gobierno Comunista si pudiera manifestar libremente su voluntad…

El terror es, por lo tanto, el inevitable compañero de viaje del gobernante comunista. El gobierno comunista sin terror no sé conoce en la práctica y es imposible en la teoría, según los principios del dogma comunista. El mismo Lenin reconoció abiertamente que la dictadura comunista significaba “ni más ni menos que el poder sin restricciones, absolutamente libre de los impedimentos de las leyes o reglamentos y apoyándose directamente en la fuerza”.

Pero mientras mayor es el terror, mayores son las dificultades que se presentan al gobierno Comunista. Esto engendra mayor terror aún y, a su vez, provoca mayores dificultades. Año tras año aumentan las medidas represivas del gobierno y, para usar una expresión comunista, se fortalecen “los órganos punitivos del Estado”. En el XIX Congreso del Partido Comunista Soviético, en octubre de 1952, treinta y cinco años completos después de la Revolución Rusa, el tema central de todos los discursos importantes, incluyendo el de Malenkov, fue el de la “necesidad absoluta” de “fortalecer aún más” los “órganos punitivos” del gobierno soviético.

Este terror continuo es necesario, porque -así nos lo dicen los comunistas-la “guerra de clases” no termina cuando los comunistas toman el poder. Por lo contrario, la guerra de clases se “intensifica” entonces. Efectivamente, la “intensificación de la guerra de clases” después que los comunistas establecen su dictadura, es uno de los principios fundamentales de la teoría Comunista de gobierno. Stalin lo ha puesto muy en claro en todos sus escritos.

Pero no se puede hacer una guerra sin tener un enemigo. Y como todos los “enemigos de clase” han sido ya liquidados, los Comunistas tienen que encontrar nuevos enemigos. Este es el momento para “desenmascarar” y “reducir a la impotencia” a los “enemigos ocultos” ya “los agentes encubiertos”.

El método para descubrir a los “enemigos ocultos” es tan fácil en la práctica como es lógico en la teoría Comunista. Todos los comunistas creen fanáticamente en la existencia de la guerra de clases. Las conspiraciones, los complots, los grupos de sabotaje, etc., son para ellos las inevitables consecuencias de la “intensificación” de la guerra de clases. En septiembre de 1948; en vísperas de las purgas en los Estados Satélites, el órgano más autorizado del gobierno soviético, el “Bolchevik” de Moscú (que ahora se llama “Communist”), publicó un largo artículo titulado “El significado Internacional de la Experiencia Histórica del Partido Bolchevique”. El artículo explica que las purgas del Partido en Rusia eran el resultado de la “ley de desarrollo de nuestro partido (soviético)”. Y añadía, con mucha intención: “Debe suceder lo mismo en todos los demás Partidos Comunistas” porque “cualesquiera que sean las condiciones locales, los principios generales del Bolchevismo son imperativos en todos los países”.

Pero las conspiraciones y los complots no pueden existir por si solos. Tienen que haber sido ideados y organizados por los individuos. La tarea de los “órganos de represión” del Estado, es, por lo tanto, la de descubrir, a esta gente. Y, como los enemigos declarados (no comunistas) ya no se encuentran, debe buscarse a los “enemigos ocultos”, entre los Comunistas mismos.

Esta faena puramente policíaca se facilita por los acontecimientos dentro del propio partido. En esta etapa se producen, entre los dirigentes Comunistas, serias diferencias de opinión sobre la política del Partido. La difícil situación dentro del país y la creciente oposición de las masas a la política Comunista crean nuevos problemas cada día. Por muy “unidos” que los jefes comunistas puedan estar respecto a los principios generales de la política comunista, los problemas cotidianos del gobierno y especialmente los problemas particulares de “los diferentes departamentos del gobierno no pueden ser resueltos siempre con unanimidad completa. Las luchas interdepartamentales, los celos y las ambiciones personales, los temperamentos difíciles y los diferentes métodos de trabajo -tanto políticos como personales-crean problemas que son sumamente parecidos a los problemas que se presentan a cualquier grupo de hombres colocados a la cabeza de cualquier gobierno.

Un gobierno democrático, en un Estado democrático, soluciona estos problemas por vía de transacción. Los ministros que no pueden reconciliar sus puntos de vista con los de la mayoría de sus colegas renuncian al gobierno. Si lo desean, pueden abandonar sus partidos respectivos y unirse a la oposición.

Nada de esto puede ocurrir en un gobierno comunista. La política de un gobierno comunista está basada en lo que los comunistas llaman “la correcta aplicación de la línea del Partido”. Se supone que la línea del Partido está basada en la correcta interpretación de las “leyes” Marxistas-Leninistas. Los Comunistas creen que su partido es el “instrumento de la Historia” y que ellos están destinados a “renovar” el mundo porque sólo ellos pueden descubrir y dominar las “leyes del desarrollo” de la humanidad.

Esas grandiosas pretensiones hacen que los Comunistas crean que la “línea del Partido” es absolutamente, siempre y en todas las circunstancias, correcta y justa. Por lo tanto, aquellos que estén en desacuerdo con el Partido son enemigos. Ningún buen comunista puede estar jamás en desacuerdo con el Partido. Puede apreciarse cómo este dogma de lo sagrado de la línea del Partido ha de aplicarse como piedra de toque para descubrir a los “enemigos ocultos” del Partido. A los comunistas que discrepan de la línea se les llama “desviacionistas”. Un “desviacionista” puede ser, aunque excepcionalmente, un “camarada equivocado”. En tal caso tiene que reconocer su error y arrepentirse en seguida. (Debe someterse a la “auto-crítica”, como la llaman los comunistas). Si no lo hace, es considerado enemigo del Partido.

Esta tortuosa manera de pensar es aplicada luego para denunciar al desviacionista como cómplice en algún complot, conspirador, saboteador y espía. De acuerdo con la teoría de la “intensificación de la guerra de clases”, debe haber “enemigos ocultos” en cada organización del Partido, desde la más alta hasta la más baja. Y en esta fase los que controlan el Partido razonan de la manera siguiente:

1º. En el Partido hay enemigos ocultos que todavía no han sido “desenmascarados”.

2º. Esos enemigos ocultos tratarán de oponerse al Partido apelando a todos los medios.

3º. Los desviacionistas se oponen o podrían oponerse al Partido, porque ellos no aprueban la línea del Partido.

4º. Por lo tanto, los desviacionistas son los enemigos ocultos.

Pero los “desviacionistas” no son las únicas gentes peligrosas. Los llamados “acomodaticios”, son, según los Comunistas, igualmente peligrosos, porque no luchan contra los desviacionistas con suficiente energía y fiereza (es decir, son amigos o simpatizantes de los desviacionistas).

Así, la detención de un pequeño grupo de desviacionistas acarrea la de un grupo mayor de sus simpatizantes, parientes, amigos y conocidos. Después vienen los amigos de los amigos, los simpatizantes de los simpatizantes, los parientes de los parientes y los conocidos de los conocidos. Los grupos de personas detenidas engrosan así, automáticamente, con cada ola de detenciones.

En esta atmósfera de purgas y terror, los gobernantes Comunistas comienzan a ver enemigos por todas partes. La liquidación de los muchos grupos de desviacionistas y sus amigos y simpatizantes no se considera suficiente. Los gobernantes comunistas comienzan a temer a los desviacionistas potenciales -los comunistas que, por una razón u otra, puedan oponerse alguna vez, en el futuro, a la línea del Partido-. De ese modo las posibilidades de detenciones y liquidaciones son limitadas. Cualquier crítica ligera de la política gubernamental o cualquier pequeño error de un funcionario oficial o de un obrero en la fábrica puede tomarse como signo de una desviación potencial.

Gradualmente, la policía comunista se vuelve tan “vigilante” que tiene ya preparadas varias listas de diferentes categorías de enemigos potenciales, quienes son encarcelados, o libertados, de acuerdo con las últimas exigencias de la línea del Partido en materia de purgas. Los delitos que se atribuyen a los purgados, así como las “confesiones”, que se les fuerza a hacer para confirmarlos, son un mero detalle técnico en el proceso total de la purga. Son solamente la superestructura “legal” construí da con fines de propaganda alrededor del sistema de purgas del Partido.

La purga del Partido es, por lo tanto, una medida preventiva adoptada por los que controlan el Partido contra todos los que podrían desafiar su control, así como en contra de todos los que podrían apoyar a los oponentes. Louis Fischer, el conocido perito norteamericano en cuestiones comunistas, llama con bastante propiedad a esta técnica Comunista de la purga “el sistema de la muerte preventiva”. A fin de “evitarles” dificultades a sus adversarios potenciales, los comunistas los liquidan con bastante anticipación.

CAPÍTULO VI

DESPUÉS DE STALIN

Los Jefes soviéticos deben de haber leído con mucho regocijo las reacciones de la prensa occidental a la campaña soviética de “Paz” que siguió a la muerte de Stalin. Ansiosos de descubrir signos “sensacionales” del alegado “cambio de intenciones” de Moscú, muchos comentaristas occidentales llegaron hasta anunciar el fin de la era del terror policíaco comunista. La amnistía de ciertas categorías de presos decretada por el gobierno de Malenkov y la liberación de los “médicos-asesinos” fueron interpretadas como pasos hacia una “mayor libertad” del pueblo ruso. Los ataques de “Pravda” contra antiguos funcionarios policíacos soviéticos, por haber ordenado detenciones “ilegales” y empleado “métodos inadmisibles” para obtener confesiones, fueron citados como pruebas de que los nuevos líderes soviéticos querían gobernar a Rusia por medio de métodos democráticos y no por el terror policíaco. Había “cambiado el corazón”.

La caída de Beria no disminuyó el torrente de estos informes optimistas sobre los sucesos internos soviéticos. Se ha llegado incluso a sugerir que la liquidación de Beria debe considerarse como un “golpe contra el poder de la policía Secreta Soviética” y, consecuentemente, un paso hacia la “regeneración democrática” del régimen Comunista de Rusia.

Pero la ejecución de Beria no prueba que haya disminuido el poder de la Policía Soviética. Solamente demuestra que Malenkov y no Beria era el amo de la Policía, en julio de 1953. Es indudable que la Policía Soviética tiene que ser forzosamente el órgano más poderoso del Estado Soviético si tiene facultad para detener, sin grandes aspavientos, a su propio jefe, quien era, además, Vice-Primer Ministro y el Jefe número dos del Partido. El que, de hecho, la detención de Beria fuera realizada por; tropas de policía, o por destacamento del Ejército o por funcionarios especiales del Partido en traje de paisano, es un detalle sin importancia y ciertamente de ningún interés para los ciudadanos soviéticos. Es la detención misma lo que importa, no la técnica. Para todos los miembros del Partido Soviético, así como para todos los habitantes de la Unión Soviética, la detención y la ejecución de Beria, prueba -y quiso probar-que el poder de la Policía Soviética es verdaderamente ilimitado.

Las purgas que siguieron a la caída de Beria fueron, por supuesto, extensas. Pero una purga considerable estaba ya en camino inmediatamente después de la muerte de Stalin y antes de encarcelar a Beria: Esta purga anterior a la de Beria había envuelto a algunas de las más importantes personalidades soviéticas, incluyendo al recién nombrado Secretario del Partido, Simeón Ignatiev, que era, antes de la muerte de Stalin, Ministro de la Seguridad del Estado (Policía). Ni la muerte de Stalin, por lo tanto, ni la caída de Beria, cambiaron la línea general del Partido respecto a las purgas. Hubo solamente un cambio en el grupo o en la categoría de los purgados. Y, en la mayoría de los casos, los purgadores de ayer, encabezados por Beria, se han convertido en los purgados de hoy.

Pero el purgar a los purgadores no es un fenómeno nuevo en el mundo comunista. Las purgas rusas de mediados de los años 1930 fueron organizadas, bajo la dirección personal de Stalin, por su Jefe de Policía, Yagoda. Cuando las detenciones, juicios y ejecuciones habían alcanzado la cúspide, Yagoda mismo fue detenido, juzgado y fusilado. Se le acusó, entre otras cosas, de fabricar pruebas “ilegales” contra gentes, que había encarcelado “injustamente”. El sucesor de Yagoda, Yezhov, fue responsable de un reinado de terror aun mayor, generalmente considerado como el período de purgas más furioso (1936-38). Pero, ya en 1939, Yezhov había seguido la suerte de Yagoda y entrado en capilla. En la Ucrania Soviética, donde las purgas fueron especialmente feroces, tres Ministros de Policía -Balitsky, Leplevsky y Uspensky-fueron encarcelados uno tras otro con todos sus empleados, amigos, parientes y simpatizantes. Todos fueron acusados de “arrancar por la fuerza falsas confesiones” a los presos y de “abusar de su autoridad”.

Análogamente, en los Estados Satélites, los departamentos policíacos comunistas fueron uno de los blancos principales de las purgas. La lista de los Ministros de Policía, Generales de la Policía, y altos funcionarios policíacos satélites liquidados, contiene millares de nombres. En la Hungría Comunista, por ejemplo, el promedio de duración de un Ministro de Policía en el cargo parece ser aproximadamente de un año: han liquidado a tres Ministros desde 1949. En Checoeslovaquia, el Jefe de la Policía Secreta fue detenido unos dos meses después de haberlo sido el Jefe de la Policía Uniformada. El Ministro de Policía que había ordenado ambas detenciones fue arrestado él mismo poco después y ahorcado como traidor después del juicio de Slansky.

Los más prominentes de los dirigentes comunistas liquidados en los países satélites -como Gomulka de Polonia, Kostov de Bulgaria; y Xoxe de Albania-se hicieron realmente famosos por su crueldad en la organización y dirección de las purgas y liquidaciones del Partido.

Pero el purgar a los purgadores nunca ha acabado con las mismas purgas, ni en los satélites ni en Rusia. Los destinados a la purga forman, en todo momento, una partida numerosa en todos los Estados comunistas. El proceso de su liquidación lleva muchos meses. Cuando ya está terminado llega el turno a los nuevos purgadores para ocupar el puesto de purgados, y así hasta el infinito.

Ni debería olvidarse que el propio Malenkov es un verdadero “perito en purgas”. El fue el primer ayudante de Yezhov en la maquinaria soviética de la purga que envió al cadalso a decenas de millares y a millones a los campos de trabajo esclavo, durante los últimos años 1930. (En aquel tiempo, Malenkov era Jefe Delegado y Yezhov Jefe del “Departamento de Organizaciones Directoras del Partido”. (O. R. P. O.), el cual, bajo la supervisión general de Stalin, ordenaba y dirigía todas las purgas).

Es increíble que Malenkov, endurecido en los baños de sangre de las luchas del Partido, para quien el “saber hacer” de las purgas y de las liquidaciones debe haberse convertido ya en una segunda naturaleza, decida, de repente, reformar su carácter y adoptar métodos democráticos de gobierno. En todo caso, la rápida liquidación de Beria muestra que Malenkov ha dominado a la perfección la técnica de la purga. Veremos si sabe librarse él. Sin embargo, las purgas no son el resultado de la idiosincrasia personal de los jefes comunistas considerados individualmente.

Son una característica típica y permanente del régimen comunista. La teoría de la “guerra de clases”, que suministra la “base teórica” de las purgas, es uno de los principios cardinales de la “ciencia” Marxista-Leninista. Un comunista que no crea en ella fanáticamente no puede ser considerado como un buen comunista. En tanto que los comunistas crean en la guerra de clases y en su “intensificación”, después de que capturan el poder de un Estado, las purgas serán “desenvolvimiento natural” de todos los regímenes comunistas. En otras palabras, mientras los Comunistas sean Comunistas, su principal característica será la de que matan a sus congéneres, los camaradas.

NOTA SOBRE LAS FUENTES DE ESTE ESTUDIO

Todas las citas son de fuentes comunistas -diarios, revistas y libros-y están tomadas de publicaciones comunistas oficiales, traducidas al inglés. Los textos completos de las transmisiones radiales comunistas se encuentran en los Informes instructivos de la B. B. C. de Londres.

La mayoría de los libros sobre Comunismo y Rusia Soviética en general, contienen amplias referencias sobre las purgas y los procesos. Para una bibliografía más específica sobre las purgas, véase “Bibliografía Crítica de las Purgas y Procesos Comunistas”, publicada por el Comité Nacional de los Estados Unidos para una Europa Libre, New York, 1953. Esta comprende casi todas las fuentes comunistas (la mayoría en inglés); pero las notas críticas sobre algunos de los libros son a veces algo discutibles.

La siguiente breve lista de libros podría servir de guía para algunas de las obras publicadas más recientemente sobre las purgas y los procesos comunistas. Todos los siguientes libros están publicados en Londres.

Beck, F., y Godin, V., “La purga Rusa y la Extracción de las Confesiones” (Hurst and Blackett) 1951. Admirable relación de las purgas soviéticas de la pre-guerra. Obra maestra sobre el tema.

Weissberg, Alex, “La Conspiración del Silencio” (Hamish Hamilton), 1951. Un ex-comunista austríaco cuenta sus experiencias en las cárceles soviéticas y cómo logró no “confesar”.

Stypulkowsky, Z., “Invitación a Moscú” (Thames and Hudson), 1951. Un abogado polaco narra su detención, interrogatorio y “juicio” en Moscú, en 1945.

Herling, Gustav, “Un Mundo Aparte" (Heinemann), 1951. El derrumbe mental y físico de los detenidos por la policía comunista, relatado con rara habilidad y poder de observación.

Labir; Suzanne, “La Rusia de Stalin” (Gollancz), 1949. Libro sobre Rusia en general, pero que contiene capítulos informativos sobre la policía soviética, el sistema judicial comunista y las purgas.

Fischer, Louis, “Vida y muerte de Stalin” (Jonathan Cape), 1953. Capítulo excelente sobre las purgas rusas de la pre-guerra y la técnica estaliniana de liquidación.

Vogler, Robert, “Yo fui prisionero de Stalin” (W. H. Allen), 1952. Un hombre de negocios americano encarcelado en Hungría, cuenta cómo “confesó” en su proceso, en 1950. Valiosa información sobre la técnica de “ensayar” los juicios.

Petrov, Vladimir, “Ocurrió en Rusia” (Eyre and Spottiswoode), 1951. Excelente relato de primera mano de las prisiones soviéticas y de los métodos de interrogación antes del juicio.

Dewar, Hugo, “La Moderna Inquisición” (Wingate), 1953. Una útil revista de los procesos en las purgas soviéticas mayores y de algunos de los satélites.

Uralov, Alexander, “El Reinado de Stalin” (Bodley Head), 1953. Relación completa de las purgas de la pre-guerra, en Rusia, con una descripción detallada de las diferentes categorías de purgados.

Mackiewicz, Joseph, “Los Asesinatos de los Bosques de Katyn” (Hollis and Carter) 1951. Relación detallada y documental de la técnica comunista de liquidación “administrativa”, es decir, ejecuciones en masa sin ningún juicio. Se refiere al asesinato de unos 10,000 oficiales polacos “refugiados” en Rusia.

Deane, Philip, “Cautivo en Corea” (Hamish Hamilton), 1953. Los métodos comunistas para obtener “confesiones”, aplicados a los prisioneros de guerra e internados civiles aliados, en Norcorea.

“Obscuridad a Mediodía” de Arthur Koestler (Jonathan Cape and Penguins). Aunque escrito en forma novelada, es un análisis brillante de las purgas soviéticas de los años 1930, indispensable para cualquier estudio serio del problema. Lo mismo puede decirse de “El Caso del Camarada Tulayev”, por Víctor Serge (Hamish Hamilton), 1951. Véase además la colaboración de Koestler en “El Ídolo que Fracasó”, editado por Richard Crossman (Hamish Hamilton), 1950.

Sobre la excomunión de Tito, de la Cominform, que condujo a la purga de los Estados satélites, véase:

Dedijer, Vladimir, “Tito Habla” (Widenfeld and Nicolson), 1953. Es la versión oficial yugoeslava (titoísta).

Armstrong, Hamilton F., “Tito y Goliat” (Gollancz), 1951. Un estudio sagaz de las purgas en los Estados satélites.

Ulam, Adam, “El Titoísmo y la Cominform” (Oxford), 1952. Especialmente valioso por su estudio informativo de las purgas en el Partido Comunista Polaco. Contiene una breve bibliografía.

Véase además “¿Qué es el Titoísmo?” Por Cecily and Christopher Mayhew en la serie Background Books.

Para el punto de vista oficial comunista (stalinista) sobre las purgas en los Estados satélites, véase “Desde Trotsky hasta Tito” por James Klugman (Lawrence and Wishart), 1951. “La Ley del Estado Soviético”, por Andrey Vyshinsky (Macmillan), 1948, explica las teorías y doctrina oficial soviéticas sobre todos los problemas legales, inclusive el procedimiento en los Tribunales soviéticos.

APÉNDICE

La lista siguiente contiene sesenta nombres de Comunistas prominentes liquidados después que la Revolución Comunista triunfó en sus países. Solamente se mencionan Comunistas que han ocupado los puestos más altos del Partido o del Estado, o que han sido conocidos internacionalmente. Al nombre de cada comunista, lo sigue el de su país, una breve descripción de su posición oficial, la fecha de su detención y, cuando se conoce, la fecha de su ejecución.

Los Jefes comunistas que aparecen solamente como “destituidos” de sus puestos pueden presumirse con seguridad que han sido también encarcelados. Los “desaparecidos” deben ser considerados como liquidados “administrativamente”, es decir, sin ningún “juicio” público.

Bastovansky, Stefan, (Checoeslovaquia). Secretario General del Partido Comunista Eslovaco. Detenido en febrero de 1952.

Beria, Laurenty, (Rusia Soviética). Vice-Primer Ministro y Ministro del Interior después de la muerte de Stalin, en marzo de 1953, Purgado en julio de 1953 y ejecutado.

Bienkowski, Wladislaw, (Polonia). Miembro del Politburó y Director del Departamento de Educación Política del Partido. Detenido en diciembre de 1949.

Bujarin, Nikolay, (Rusia Soviética). Miembro del Politburó, considerado por Lenin como el mejor teórico del Partido. Director de “Pravda”, coautor de la Constitución Soviética de 1936. Ejecutado en marzo de 1938.

Bulanov, Pavel, (Rusia Soviética). Jefe de Policía. Ejecutado en marzo de 1938.

Chernokoiev, Titko, (Bulgaria). Miembro del Politburó y Ministro de Agricultura. Destituido y “desaparecido” en noviembre de 1951. Libertado; ahora ocupa un puesto menor.

Clementis, Vladimir, (Checoeslovaquia). Ministro de Relaciones Exteriores. Ejecutado en diciembre de 1952.

Donath, Ferenc, (Hungría). Miembro del Comité Central, Jefe del Gabinete del Primer Ministro (Rakosi). Detenido en julio de 1951.

Dubiel, Josef, (Polonia), Miembro del Comité Central y Ministro del Gabinete. Detenido en diciembre de 1949, Encarcelado, sentenciado a 12 años de cárcel a principios de 1955.

Dume. Naxhijo, (Albania). La mujer albanesa comunista más prominente y Ministro de Educación. Destituida y “desaparecida” en noviembre de 1948.

Franck, Josef, (Checoslovaquia). Vice-Secretario General del Partido, Ejecutado en diciembre de 1952.

Frejka, (Freund), Ludwig, (Checoeslovaquia). Principal Asesor Económico del presidente de la República. Ejecutado en diciembre de 1952.

Geminder, Bedrich, (Checoslovaquia). Jefe del Departamento Internacional del Partido. Ejecutado en diciembre de 1952.

Georgescu, Teohari, (Rumania). Secretario del Partido. Miembro del Politburó y Ministro del Interior (Policía). Destituido en mayo de 1952. Desaparecido.

Glavinchev, Lev, (Bulgaria). Jefe de los Guardias Comunistas de Fronteras. Arrestado en noviembre de 1949.

Gomulka, Wladyslaw, (Polonia). Secretario General del Partido y Vice-Primer Ministro. Expulsado del Partido en noviembre de 1949. Arrestado en octubre de 1951.

Ignatiev, Simeón. (Rusia Soviética). Secretario del Comité Central y Ministro de la Seguridad del Estado (Policía). Destituido en abril de 1952. Ahora 1er. Secretario, Bashkin Obkom.

Kadar, Janos, (Hungría), Vice-Secretario General del Partido y Ministro del Interior (Policía). Detenido en marzo de 1951. Libertado, ahora tiene un puesto importante.

Kallai, Gyula, (Hungría). Ministro de Relaciones Exteriores. Detenido en mayo de 1951. Libertado, ahora tiene un puesto importante.

Kamenev, Leon, (Rusia Soviética). Miembro del Politburó y Vice-Primer Ministro. Miembro del Triunvirato (con Stalin y Zinoviev) que tomó la dirección efectiva de los asuntos del Partido y del Estado después de la muerte de Lenin. Ejecutado en agosto de 1936.

Kelezi, Shyori, (Albania). Miembro del Politburó y Ministro de Industria. Purgado y “desaparecido” en marzo de 1950.

Kerenxhi, Nestí, (Albania). Miembro del Politburó y Ministro del Interior (Policía). Encarcelado en diciembre de 1948.

Kliszko, Zenon, (Polonia). Miembro del Politburó y Director del Departamento de Personal (Cuadros) del Partido. Arrestado en diciembre de 1950.

Koleci, Vasco, (Albania). Jefe de Policía y Vice-Ministro del Interior. Condenado a quince años de prisión en junio de 1949.

Kostov, Trycho, (Bulgaria). Secretario General del Partido y Vice-Primer Ministro. Arrestado en agosto de 1949. Ejecutado en diciembre de 1949.

Kunin, Pekto, (Bulgaria). Miembro del Politburó y Director del Departamento de Economía del Partido. Ministro de Hacienda. Arrestado en septiembre de 1949 y condenado a prisión perpetua en mayo de 1951.

Luca, Vassil, (Rumanía). Secretario del Partido. Miembro del Politburó y Ministro de Hacienda. Destituido en mayo de 1952. Sentenciado a cadena perpetua en octubre de 1951.

Maleshova, Sejdnflla, (Albania). Miembro del Politburó. El teórico e historiador del Partido Comunista Albanés. Ministro de Educación. Destituido en 1949.

Maslarov, Ivan, (Bulgaria). Secretario de Organización del Partido. Arrestado en septiembre de 1949. Condenado a quince años de prisión en mayo de 1951.

Novy, Vilen, (Checoslovaquia). Jefe de Redacción del órgano del Partido, “Rudé Pravo”. Detenido en octubre de 1949.

Palffy, Gyorgy, (Hungría). Mayor General. Jefe del Departamento Militar del Partido. Jefe de los Guardias de Fronteras. Arrestado en mayo de 1949. Ejecutado en octubre 1949.

Patrascanu, Lucretiu, (Rumanía). Secretario del Partido. Miembro del Politburó y Ministro de Hacienda. Destituido en febrero de 1948, “desaparecido” en 1949. Ejecutado en 1950.

Pauker, Anna, (Rumanía). Secretaria del Partido. Miembro del Politburó y Ministro d Relaciones Exteriores. Destituida en mayo de 1952.

Pavel, Josef, (Checoeslovaquia). General. Vice-Ministro el Seguridad. Jefe de la Fuerza de Policía Uniformada. Detenido en enero de 1951.

Pavlov, Nikola, (Bulgaria). Miembro del Politburó y Secretario Administrativo del Partido. Detenido en septiembre de 1949 y condenado a prisión perpetua en diciembre de 1949.

Pyatakov, Yuri, (Rusia Soviética). Miembro del Comité Central. Ministro de Industria Pesada. Ejecutado en enero de 1937.

Radek, Karl, (Rusia Soviética). Secretario de la Internacional Comuhhta. Director de “Pravda”. Condenado a diez años de prisión en 1936; se le cree muerto.

Rajk, Laszlo, (Hungría). Miembro del Politburó y Ministro del Interior (Policía). Arrestado en mayo de 1949 y ejecutado en octubre de 1949.

Rakovsky, Christian, (Rusia Soviética). Uno de los fundadores de la Tercera Internacional. Primer Ministro de Ucrania. Embajador Soviético en Londres y París. Condenado a veinticinco años de prisión en marzo de 1938; se le cree ejecutado.

Reinoin, Bedrich, (Checoeslovaquia). General. Vice-Ministro de Defensa y Jefe del Servicio de Inteligencia. Ejecutado en diciembre de 1951.

Rykov, Alexy, (Rusia Soviética). Sucesor de Lenin como Primer Ministro Soviético (1924-30). Ejecutado en marzo de 1938.

Sakelarov, Manol, (Bulgaria). Ministro de Obras Públicas. Arrestado en octubre de 1949 y condenado a diez años de prisión en abril de 1951.

Simone, Andre, (Checoeslovaquia). Conocido también por Otto Katz. Director del órgano del Partido, “Rudé Pravo”. Ejecutado en diciembre de 1952.

Slansky, Rudolf, (Ghecoeslovaquia). Secretario General del Partido y Vice-Primer Ministro. Ejecutado en diciembre de 1952.

Sling, Otto, (Checoeslovaquia). Miembro del Comité Central. Ejecutado en diciembre de 1952.

Spychalski, Marian, (Polonia). General. Miembro del Politburó y Vice-Ministro de Defensa. Detenido en octubre de 1951.

Stefanov, Ivan, (Bulgaria). Miembro del Comité Central y Ministro de Hacienda. Arrestado en septiembre de 1949 y condenado a prisión perpetua, en diciembre de 1949.

Svab, Karel, (Checoeslovaquia). Miembro del Comité Central, Vice-Ministro de la Seguridad del Estado y Jefe de la Policía Secreta. Ejecutado en diciembre de 1952.

Szakasits, Arpad, (Hungría). Presidente de la República. "Renunció" en abril de 1951. Encarcelado poco después.

Szebensyi, Endree, (Hungría). Jefe de la Policía Secreta del Ministerio del Interior (Policía). Detenido en mayo de 1949.

Szonyi, Tabor, (Hungría). Jefe del Departamento de Personal (Cuadros) del Comité Central. Ejecutado en octubre de 1949.

Trotsky, Leo, (Rusia Soviética). Jefe del Comité Revolucionario del Partido que organizó y dirigió la Revolución Comunista (octubre de 1917). Primer Ministro de Guerra Soviético, generalmente considerado como el Jefe comunista más importante después de Lenin. Destituido en 1925, deportado de Rusia en febrero de 1929, asesinado en México por un sicario a sueldo del Soviet en agosto de 1940.

Tomsky, Mikhail, (Rusia Soviética). Miembro del Politburó, Jefe de los Sindicatos Obreros Soviéticos. "Cometió suicidio" en agosto de 1936.

Tukhachevsky, Michael, (Rusia Soviética). Mariscal del Ejército Rojo. Ejecutado en junio de 1937.

Vaida, Vassile, (Rumanía). Miembro del Politburó, Ministro de Agricultura. Destituido en mayo de 1952. Conserva un puesto en el Comité Central.

Voznessensky, Nikolay, (Rusia Soviética). Miembro del Politburó, Vice-Primer Ministro y Director del Departamento de Planificación del Estado. Destituido en marzo de 1949 y “desaparecido” poco después.

Xoxe, Xoci, (Albania). Miembro del Politburó, Secretario del Comité Central, Vice-Primer Ministro y Ministro del Interior (Policía). Ejecutado en junio de 1949.

Yagoda, Henry, (Rusia Soviética). Ministro del Interior (Policía). Ejecutado en marzo de 1938.

Yezhov, Nikolav, (Rusia Soviética). Ministro del Interior (Policía), 1936-38. Destituido en 1939 y “desaparecido” poco después.

Zinoviev, Gregory, (Rusia Soviética). Miembro del Politburó y del “Gabinete Intimo” de Lenin. Uno de los miembros del Triunvirato (con Kamenev y Stalin) que tomó la dirección efectiva de los asuntos del Partido y del Estado después de la muerte de Lenin. Ejecutado en agosto de 1936.

1 comentario:

Pablo Heraklio dijo...

Sabía que el régimen había sido nefasto pero nunca me había parado a pensar o leer algo en profundidad de lo malo que fue. Ahora se entiende que en los 80 llegasen los americanos, implantasen la democracia. Ahora, después de 25 años de la caída de la URSS, no quieran oir hablar del comunismo a pesar de que el capitalismo nos les ha aportado ningún bien. Y el hecho es que a pesar de vivir en general en peores condiciones la sensación de libertad les parece suficiente.
Salud!