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sábado, 7 de febrero de 2015

ELECCIONES Y ERECCIONES MUNICIPALES


Elecciones y erecciones municipales.

Todo parecido con la realidad es mera coincidencia. (cita de R. Tagore)

Cómo disfrutar de ellas y no morir en el intento.

 

Como quedan cuatro meses y ya ha “empezado” la campaña electoral vamos a intentar desde este blog poder entenderlas sin odiarlas, esperarlas sin desesperar, comprender a los candidatos sin tener que ir a Oxford, saber como ser candidato sin que te apedreen por la calle, ser votado sin que te boten y sobre todo salir elegido sin que te retire la palabra toda la capital, la ciudad, el pueblo, la villa o el villorrio.

Pero como eso de la capital o capitales, en principio nos la pela porque ya está todo “atado y bien atado” nos centraremos en los pueblos medianos, pequeños y enanos.

El capítulo primero tratará del pasado:

1º resumen de cuatro años de mando.

2º saber que si aquellos a los que elegiste se van a presentar sin que te lo digan.

Para empezar, se que disfrutar de unas elecciones es bastante complicado o casi imposible a la vista de como está el patio de vecinos.

Ganas dan de mandarlos a todos al exilio y volviendo atrás, convocar al consejo de ancianos para que nos digan cómo y de que manera se arregla esto, pero me temo que ni aún así esto tenga solución. Alguno habrá que vendrá y lo joderá. O velará más por los intereses del propio clan que por los otros los que harían que de una puta vez esto se llame convivencia.

Partamos de la idea de que interesa el gobierno de tu pueblo, tribu o aldea.

De no ser así puedes dejar de seguir leyendo que te va a traer más cuenta.

¿Quieres seguir? ¡Allá tú!. Luego no digas que no te lo he advertido.

Resumen de cuatro años con la vara.

Echa la vista atrás y recuerda las promesas electorales de hace cuatro años que como en todas las facetas de la vida, todas juntas, se resumen en una:

Vivir como un pastor con sus ovejas.

Es decir, sentarte en la piedra, mirarlas, sentirte satisfecho con su pastar y si viene alguna a balar a tu lado achucharles el perro. Y si el perro pasa como ha pasado tu edil, puedes llamarle cabrón, dictador, inútil, pringao, y no se cuantas cosas más, pero no se te ocurra volverle a votar como has hecho otras veces, que al cabo de unos meses te encontrarás llamándote gilipollas.

En definitiva, como no tiene arreglo… ¡pero no te fíes!.

Si además eres de los que aman su pueblo pero tienes la vida hecha en la capital y sólo vas a él los fines de semana y fiestas de guardar, date por jodido o trasládate e intenta quitarle el poder, cosa difícil, que para eso están las rencillas, las mentiras, la murmuración y los bulos.

En este caso has de tener claro que perderás amigos, familia y con suerte ganarás unos cuantos enemigos, que ya es algo.

Y sobre todo no digas en público que tienes derechos que te pueden contestar eso de: “Y tu que pintas aquí, si sólo vienes de Pascuas a Ramos”.

Aunque los tengas, pagues tus impuestos y te dejes los cuartos en las tiendas del pueblo aunque sean más caras que por el camino; siempre serás un cero a la izquierda.

¿Que no te he aclarado nada?, ¿qué esperabas?, ¿la solución?. Eres tan ingenuo que deberían quitarte el voto, así vivirías más feliz.

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