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miércoles, 24 de enero de 2018

FORO PARA EL DEBATE Y EL CONOCIMIENTO - ABREVIADO DE LO EXPUESTO SOBRE LA CUESTION CATALANA


FORO PARA EL DEBATE Y EL CONOCIMIENTO

                        Abreviado de lo expuesto sobre:

                        La cuestión catalana – El Estado y La Independencia – Nacionalismo y Cultura

                        (Segundo encuentro celebrado el 22 Enero 2018)

 

El término Nación

            El término significa: "lugar donde se nace" y desde el punto de vista de las ciencias sociales y políticas, la "nación" es una realidad constituida por un conjunto personas que además de un lugar común y de vida, tienen una serie de características que los identifican: idioma, costumbres, tradiciones, historia, etc.

Antecedentes

            Las primeras formulaciones teóricas sólidas de la "nación" y su plasmación en movimientos políticos concretos se dan en obras de fines del s. XVIII y en las Revoluciones: Americana y Francesa.

            El origen de "nación" es incierto y las disputas en cuanto a éste conforman un capítulo importante de la teoría del nacionalismo. Existen teorías biológicas de sus orígenes que ven al humano como animal territorial y a la "nación" como a un territorio en este sentido. Sin embargo, la mayoría de los teóricos rechazan esta teoría por simplista y tratan a las naciones como a una agrupación social humana relativamente nueva.

            La nación cobra entidad sólo cuando los individuos manifiestan, mediante el reconocimiento de tales nexos, la voluntad de vivir juntos.

 

            El Romanticismo: como movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII, surge como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo. Ejemplos que afirmaron las bases ideológicas del Nacionalismo, fueron autores como: Herder, Fichte, Wagner y Goethe. Tal movimiento supone una ruptura con la tradición de un orden anterior y de una jerarquía de valores culturales y sociales, en nombre de una libertad auténtica, confiriendo prioridad a los sentimientos.  


 

 

Qué es Estado:

            El Estado es una forma de organización cuyo significado es de naturaleza política. Se trata de una entidad con poder soberano para gobernar una nación dentro de una zona geográfica delimitada.

            Los elementos que constituyen el Estado son: Población, Territorio y Poder.

            Las funciones tradicionales del Estado se engloban en tres áreas: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial. En una nación, el Estado desempeña funciones políticas, sociales y económicas. Dentro del Estado también existen instituciones fundamentales tales como las fuerzas armadas, la administración pública, los tribunales y la policía, que asumen las funciones de defensa, gobernación, justicia, seguridad y otras, como las relaciones exteriores y la represión.

            Los elementos que constituyen el Estado son: Población, Territorio y Poder.

            Existen distintas formas de organización de un Estado, pudiendo abarcar desde concepciones centralistas, a las federalistas o las autonomistas.

 

La identidad catalana

            La identidad catalana es antigua, de la alta edad media sobre el siglo X,  pero eso no que significa que sea una identidad moderna,  es más bien imprecisa. Cuando los territorios al sur de los pirineos, se empiezan a independizar del dominio musulmán y bajo la protección y con la ayuda de los carolingios franceses, se constituye sobre lo que se llama la marca hispánica, que cubre todo el sur de los pirineos.

            El catalanismo en el sentido  moderno procede entre los años 1880 y 1890. Uno de sus principales valedores fue Valentí Almirall, fundador del Diario Catalán y organizador del Primer Congreso Catalanista. Durante la mayoría del siglo XIX en Cataluña hay la doble identidad o doble patriotismo. De un lado el apego a la lengua y sus tradiciones y cierta nostalgia a sus propias instituciones y, de otro lado, el sentimiento de integración en la nación política que es España.

            Durante la primera república no hay ningún catalanismo, lo que sí hay es, un fuerte arraigo del federalismo, cuyo mayor impulsor fue Francisco Pi y Margall que fue Presidente de Gobierno en la primera república. En 1886 se celebra por primera vez La Diada. Desde Barcelona grupos nacionalistas van expandiendo por el campo y los pueblos catalanes a través de excursiones los símbolos de su identidad. En 1901 se forma la LLiga Regionalista por Francés Cambó y se presentan a las elecciones que las ganan en Barcelona. Este fue un momento crucial ya que se produce durante una gran crisis del estado español y después de la pérdida de la guerra y las colonias en 1898.

            En dos ocasiones en Abril de 1931 y en Octubre de 1934, los presidentes Francés Macia y posteriormente Lluís Companys, proclaman la República Catalana dentro de la República Federal Española. Pasos cortados por el gobierno central, donde, incluso Companys es detenido.  

Cuando se presenta en términos nacionalista la guerra civil como una guerra contra Cataluña, se está deformando una vez más el pasado. Gran parte de la oligarquía catalana, el noventa por ciento apoyó a Franco. Luego llegó el franquismo y fue evidente el acoso a la lengua catalana y la imposición de la cultura castellana. El franquismo ha sido clave en la anti españolidad de los catalanes y en la actualidad con su política centralista, le da continuidad el Partido Popular.

En los últimos treinta años, se ha difundido desde el poder una versión nacionalista por la cual, Cataluña es un ente que existe desde tiempos inmemoriales y que, no ha hecho más que sufrir agresiones de otro ente malévolo llamado España.

 

Todo nacionalismo se agarra a un hecho o acontecimiento histórico para sus argumentaciones.

 

            La construcción de la identidad nacional permite montajes diferentes a partir de las mismas categorías elementales.

En ése periodo concreto, de la mano del romanticismo, políticos, artistas, historiadores, clérigos y filósofos, construyeron las modernas naciones europeas, y lo hicieron siguiendo un modelo similar, imitado por una nación detrás de otra.

De un modo u otro, todas las naciones modernas siguieron una serie de pasos, encaminados a construir una identidad que hasta entonces no existía. Son estos:

 

1. Inventar un origen remoto

 

            Toda nación, para ser tomada en serio, tiene que tener una cierta antigüedad. Esto lo entendieron bien los escoceses que, fueron los primeros en construir su identidad.

 

2. Buscar héroes legendarios, de raza

 

            Alemania fue el segundo país, después de Escocia, que más contribuyó a crear la mitología nacionalista en Europa. Y partía de una gran ventaja respecto a estos: El gran historiador romano Tácito (56-117) había escrito un librillo sobre las costumbres y pueblos de Germania, más conocido, como la Germania.

Desde su publicación en época moderna, los humanistas alemanes se lanzaron sobre él y lo convirtieron en una indiscutible, precisa y exacta descripción de cómo era su pueblo en la antigüedad: héroes como Arminio, altos, rubios de ojos azules…

 

3. Unirse frente a un enemigo común.

 

            Toda nación, para su construcción, necesita de un archienemigo, y al igual que Cataluña, el País Vasco y Galicia tienen a España; España tuvo a Francia e Inglaterra.

 

4. Homogeneizar la lengua

            Hoy nos parece un hecho natural que en Francia se hable francés; en Italia, italiano o en Alemania, alemán. Pero ni es natural ni siempre ha sucedido así. Durante siglos en ningún lugar de Europa existió algo parecido a una lengua oficial. El latín cumplía la función del inglés, era la lengua académica y culta, y el francés, más adelante, se convirtió en el idioma por antonomasia de las cortes. Por lo demás la diversidad lingüística era abrumadora.

            La situación española era parecida, se calcula que en 1860 en torno al 50% de los 16 millones de habitantes no eran castellanoparlantes. No existía la tan cacareada “lengua común”, la escolarización de la población en la lengua nacional fue una decisión política

5. Diseñar una bandera, un himno y un traje típico

            La mayoría de los elementos de distinción de una nación, como la bandera, el himno o el traje típico, nacieron también de la nada, a la vez que se construían las identidades nacionales.

            El himno más antiguo del mundo tampoco es demasiado viejo. Se trata de La Marsellesa, que se escribió  en 1792. Y las banderas se crearon todas al mismo tiempo que las naciones, como adaptación de los estándares militares y las enseñas marítimas de uno u otro reino o, directamente, a partir de planteamientos originales.

6. Celebra una fiesta nacional

            Toda nación tiene que tener un momento fundacional, un día en que se celebre el despertar del pueblo (por usar la retórica típicamente nacionalista). Que lo que ocurriera ese día no tenga nada que ver con lo que se está festejando, importa poco.

Caso paradigmático es el 11 de septiembre catalán. Todos los años una comitiva encabezada por el presidente de la Generalitat se dirige al monumento a Rafael Casanova, donde se vienen depositando flores desde el año 1894.

Entre los asistentes que entonan el himno Els segadors (compuesto en 1899), se da por supuesto que Casanova fue algo así como el iniciador de la lucha por la independencia de la nación, por la que resistió heroicamente en 1714 el asedio de la ciudad de Barcelona, frente a las tropas españolas que acabarían arrasando la ciudad y suprimiendo sus tradicionales derechos y centenarias libertades.

Pero lo que se vende como una guerra entre Cataluña y España fue en realidad una guerra entre dos bloques europeos, los Habsburgo de Austria frente a Francia, y cada bando trataba de situar a su propio candidato al trono vacante de la Corte española. Dentro de la propia España las simpatías políticas por uno u otro bando estaban muy divididas. Rafael Casanova, el héroe nacionalista catalán, partidario de los Austrias, creía y confesaba luchar por la libertad de toda España. Considerar esta contienda como una guerra de España contra Cataluña es un desvarío.

 

7. Escribe buenos libros de texto

            El sistema escolar es el instrumento por antonomasia para lograr la identificación de los ciudadanos con la idea de nación. La historia nacional española “oficial”, inamovible de los libros de texto hasta la Constitución de 1978, fue obra del palentino Modesto Lafuente, que redacto una Historia General de España, entre 1850 y 1867, que recogió todos los tópicos del nacionalismo español: los visigodos, Numancia, la reconquista, el Cid campeador, los Reyes Católicos, los comuneros…

Los estudiantes catalanes y vascos están acostumbrados a mapas donde Euskal Herria o los Països Catalans son entidades geográficas y políticas diferenciadas. El reduccionismo castellanista de Lafuente era evidente, pero eran los nacionalistas españoles los que tenían el poder de imponer la enseñanza a toda la población cautiva en las aulas de España. Con la llegada de la democracia, se dio la vuelta a la tortilla, y las otras nacionalidades, se esforzaron por hacer sus propios libros de texto.

El nacionalismo siempre es de derechas

 

            Cuando la burguesía comienza a afianzar su poder difunde, desde mediados del siglo XIX, la teoría de la soberanía nacional e inventa una ideología basada en sentimientos patrióticos, que logra excitar en las clases populares el odio y el resentimiento de agravio contra los pueblos vecinos, y consigue convencer a muchos trabajadores para que se enfrenten entre sí mortalmente en la I Guerra Mundial, a fin de hacer más grande el poder colonial de unas cuantas oligarquías.

Por el contrario, el proletariado, aprendiendo de los estudios y análisis de Bakunin y de Marx, comienza a organizarse en sindicatos y partidos que defiendan sus intereses, frente a los de las burguesías que acaparan todo el poder en Europa y en las colonias. Es el momento en que la Confederación Nacional del Trabajo, anarquista, tiene más de un millón de afiliados en España, la mayoría en Cataluña, y afirma que la única patria de los trabajadores es el mundo y su familia la humanidad. Este movimiento obrero rechaza rotundamente seguir las consignas disgregadoras y de enfrentamiento entre los trabajadores de las diferentes partes de España, negándose incluso a hablar en catalán y difundiendo el esperanto. Sería bueno que nuestros intelectuales de izquierda leyeran a Bakunin..

Son los burgueses los que construyen la teoría de la identidad propia de Cataluña, puesto que difícilmente los obreros y las obreras podían dedicarse a tan imaginativas tareas sometidos a la salvaje explotación de los industriales catalanes, propia de la época del industrialismo, y sobre todo teniendo en cuenta que el proletariado en Cataluña está compuesto también con la inmigración masiva de los campesinos y campesinas hambrientos del resto de España.

Por si cabe alguna duda de los motivos económicos que llevaban a la burguesía a defender y difundir el nacionalismo  es bueno leer las Memorias de Francesc Cambó, donde escribe: “Diversos motivos ayudaron a la rápida difusión del catalanismo y la aún más rápida ascensión de sus dirigentes. La pérdida de las colonias, después de una sucesión de desastres, provocó un inmenso desprestigio del Estado, de sus órganos representativos y de los partidos que gobernaban España. El rápido enriquecimiento de Cataluña, fomentado por el gran número de capitales que se repatriaban de las perdidas colonias, dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestras propagandas dirigidas a deprimir el Estado español y a exaltar las virtudes y merecimientos de la Cataluña pasada, presente y futura”.

El nacionalismo catalán y su evidente adscripción a la derecha le impulsó a participar en los últimos gobiernos de la Restauración y en 1923 no se opuso a la dictadura de Primo de Rivera, que sin embargo disolvió la Mancomunidad. Por su parte, la mayoría del proletariado apoyaba el anarquismo, representado por la CNT.

La bandera del nacionalismo la enarbola más tarde Esquerra Republicana de Catalunya, pero cierto es que tanto Maciá como Companys no eran independentistas -mucho es exagerar llamarlos de izquierdas, cuando el ideal de ERC era que cada catalán tuviera “la caseta y el huerto” y tampoco bajo la dictadura se definían independentistas los de CIU y todos los de ERC. Pero precisamente porque no lo eran,  a qué viene ahora mostrarse tan apasionada y febrilmente independista cuando las represiones franquistas han desaparecido.

Que el Partit Socialista Unificat de Catalunya se sumara a las reivindicaciones nacionalistas en los tiempos de la dictadura no significa que tales reivindicaciones sean de izquierda. La convocatoria, suicida, de manifestarnos en los años sesenta el 11 de septiembre para conmemorar el momento en que hirieron al Conseller Casanovas, que nos imponía el PSUC, solamente favorecía a los Heribert Barrera y los Pujol, que nunca asistieron a aquellas manifestaciones.

El resultado está a la vista: el abandono de las luchas sociales, el sometimiento del movimiento obrero a las condiciones del gobierno de la Generalitat,  y la utilización de las organizaciones culturales y políticas a la reclamación de la independencia, olvidando el lamentable estado en que se encuentran la sanidad, la escuela, la Universidad, la justicia, la asistencia social, las mujeres, catalanas. Este abandono de las luchas de clase por parte de la izquierda se refleja en los resultados de las sucesivas elecciones desde finales del siglo XX.

Lo que es realmente irritante es que los defensores del referéndum se camuflen bajo la añagaza de que no se trata de pedir la independencia sino de votar una consulta. En primer lugar, si las izquierdas, como aseguran, no quieren la independencia sino el federalismo, lo que deben hacer es defender este y dedicar todos los esfuerzos, tiempo y dinero en explicarlo a la ciudadanía, tan ayuna de conocimientos políticos, en vez de darse abrazos y dejarse fotografiar con Artur Mas.

En segundo y no menos importante, es no engañar a sus electores y ciudadanos en general. Porque ese plebiscito está espúreamente publicitado por el gobierno, CIU y Esquerra, con los fondos de la Generalitat, con el propósito de convencer a los que viven en Cataluña de las ventajas que obtendrán con su propio Estado, trastocando el objetivo de la consulta al asegurar que no se trata de optar por la independencia sino de decidir. Ese será un referéndum como el de la OTAN. Organizado,  dirigido e impuesto por el Govern, con el dinero de nuestros impuestos y los numerosos medios que tiene a su alcance: televisión, prensa, radio, policía, ayuntamientos de CIU, esa ANC financiada por él.

No cabe duda de que Franco fue el que más catalanes convirtió al independentismo, con sus medidas de abolición del Estatuto y de persecución del idioma, pero resultaba mucho más agradable y alentador vivir en Barcelona en esos trágicos años, hermanados todos, catalanes, castellanos,  murcianos y andaluces antifranquistas en aquella interminable lucha contra la dictadura, que hoy, cuando restaurada esta democracia burguesa resulta que los que seguimos siendo de izquierda pero no nos mostramos de acuerdo con ese remedo de referéndum y la reclamación de la independencia, somos enemigos de la patria, tildados de nacionalistas españolistas, término que equiparan al de fascistas.

Resulta absolutamente inaceptable que los partidos y formaciones de izquierda en Cataluña – especialmente la CUP- se alineen con semejantes personajes y sus secuaces, como con el heredero de Artur Mas, el inesperado Puigdemon que, a mayor abundamiento, han demostrado que su principal objetivo al detentar el poder es apropiarse de los bienes de todos para su mejor beneficio.

 

 

Democracia y nación

            Nadie puede establecer un mapa nítido e indiscutible de los pueblos o naciones existentes en el mundo. Las identidades se mezclan en todas partes. Con lo que el principio de las nacionalidades da lugar a conflictos sin fin. Como comprendieron amargamente quienes trazaron las fronteras europeas al final de la Gran Guerra, aplicar el dogma de la autodeterminación de los pueblos era imposible sin dejar por doquier territorios irredentos y minorías discriminadas. Pese a ello, lo hicieron. Y pavimentaron el camino para la Segunda Guerra Mundial.

La combinación entre nación y democracia es, en realidad, explosiva. La democracia es un principio que puede defenderse racionalmente. La nación, no. Es algo afectivo, arraigado en los estratos emocionales más profundos; como el atractivo de aquellos a los que amamos o las gracias de nuestros hijos o nietos, imposibles de discutir ni argumentar. Pese a esta incompatibilidad, toda democracia necesita apoyarse en una identidad colectiva, una nación, un demos. Esa colectividad básica para la democracia ni fue decidida racionalmente en su origen ni es posible hacerlo ahora. Y como su definición se apoya en afectos y emociones, y no en datos ni argumentos objetivos, los conflictos sobre lo que sea o no democrático son de imposible solución.

Texto basado en trabajos y publicaciones de: Santos julia -Álvarez Junco - Lidia Falcón - Rudolf Rocker - Pi y Margall y otros.

Aconsejamos la lectura de Nacionalismo y Cultura de Rudolf Rocker y Las Nacionalidades de Pi y Margall.

 

CNT-AIT Puerto Real – Biblioteca Anarquista “José Luis García Rúa”    

Puerto Real 24 Enero 2018

 

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