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martes, 18 de julio de 2017

DECIMO Y UNDECIMO FUSILAMIENTO - LIBRO TRIGO TRONZADO - Larepresion franquista en San Fernando (Cadiz) 1936


LIBRO TRIGO TRONZADO (La represión franquista 1936 en San Fernando – Cádiz)
Autor: JOSE CASADO MONTADO
DECINO Y UNDECIMO FUSILAMIENTO
 
DÉCIMO FUSILAMIENTO
Mito oscuro de intangible fama, Que en sideral frontera se derrama. El olvido es la eternidad en el vacío.      Cerón
Ya estaba España sentenciada, dividida en dos, el terror  rojo en la zona republicana, según nos decían, y el terror blanco en esta zona que estábamos viviendo, viendo y sufriendo. Fallaron los políticos europeos, falló la propuesta francesa de  “no intervención”, falló el gobierno Giral, incapaz de sofocar la rebelión militar en sus comienzos, falto de muchas precauciones y otras medidas… pero este no es el caso de estas crónicas, no debo lanzarme a un análisis crítico y político del gobierno republicano que, sería duro e interminable. Con los medios de que dispongo pretendo referirme principalmente lo acaecido en La Isla, aunque para aclarar situaciones deba hacer comparaciones y referir hechos ocurridos en otros lugares.
Si, el día diez de septiembre de ese mismo año trágico, 1936, que no glorioso, como pretendieron hacernos creer, tratando de tergiversar los hechos y darnos gatos rabiosos por conejos inocentes, ese día, repito, fueron despertados brutalmente brutamente, doce personas, doce hombres,  para ser fusilados; así de fácil, así de brutal e inexorable, del Penal de la Casería, aproximadamente a las seis de la mañana. Fueron los siguientes:
 
          Manuel Barea Varo.
          Domingo Moreno Martínez.
          Horacio Rodríguez. Marinero de segunda.
          José López Hermoso.
          Miguel Blanco Ferrer. Pastor protestante. Secta irlandesa. Se negó a confesar y a ser bautizado. Vivía en la calle San Servando.
          Manuel Varela Herrera.
          Félix Hernández Coco.
          Leocadio Fernández Alama. Natural de Guijo en  Córdoba. 41 años. Casado con Adelaida Blanco Silva. Hijo de  Domingo y Sebastiana. Dejó tres hijos, el último, Leopoldo, póstumo. Vivía en la calle Hernán Cortés.
          Antonio Pérez  Heredia.  Concejal.  Confesó antes de  morir, devolvió el escapulario de la Virgen del Carmen y se negó a recibir la absolución.
          Ramón Campos Chaves. Vivía calle Rosario, 37. Cádiz.
          Francisco Marchante Noria.
          Antonio Girón Casulla. Soltero. Maestro Nacional.
 
Una vez más quedaron al descubierto aquellos esbirros y sus perfidias, asesinando a un modesto y sencillo pastor protestante sin causa ni razón. No cabía explicaciones aditivas, se habían saltado a la torera los slóganes que tanto c acareaban y que pretendían usar como tapadera a sus ignominias, contra los comunistas, socialista, masones, judíos, etc., porque el pastor  era un señor respetable, muy conocido y no pertenecía a  ninguna de esas banderas. Fue víctima de la locura desatada por aquellas hordas, impostores, verdugos, inquisidores ferinos… “Abominable jurisprudencia la de sostener la religión por medio de verdugos”, frase esta de Voltaire, dicha allá por el año 1768, aplicable, tristemente, a aquellos días, meses y años de terror franquista.
Imperaba la misma psicosis destructiva que en 1492. el escritor I. Ehremburg decía: “Pero los bárbaros que adaptaron el cristianismo la mezquita de Córdoba no eran niños, eran unos degenerados. Odiaban el espíritu mundial de la mezquita. Cegados por el dogma eran enemigos de la razón. Eran fanáticos por su conducta, sabían destruir mezquitas y quemar herejes, pero carecían de la inspiración de los fanáticos, en su fuero interno, estos fracasados envidiaban seguramente la pericia    de los arquitectos árabes que habían levantado la Mezquita  que ellos afeaban”.
Aquí en La Isla hay algunos que temen tanto a a la verdad histórica como a la crueldad que ellos mismos ejercieron durante muchos años, porque la conocen bien. Recientemente, Rosa Castelló, del Instituto Genus, en la revista “Interviú”, nº 32, págs. 23-29, dijo que la iglesia crea enfermos mentales o psíquicos. Yo no lo creo así, pues los enfermos mentales no saben defenderse tan bien ni vivir sin producir el material necesario para sostener la vida, dejando a los demás que se lo produzcan, a no ser que haya querido referirse al rebaño domesticado, obediente y productor.
 
UNDÉCIMO FUSILAMIENTO
Como emblema del olvido, espinas sólo han brotado donde los han enterrado. Ninguna flor ha crecido donde yacen, olvidados, los restos de los vencidos.       Cerón
 
Aquel día 18 de septiembre, un corresponsal decía que: “La adopción de la bandera rojo y gualda por parte de las tropas nacionalistas frente a la tricolor republicana, patentiza la existencia de “dos España” que luchan cada una bajo su propia bandera. Esta división hacha de España se acentúa con el reconocimiento por parte de algunas naciones, de la Junta de Defensa de Burgos como el legítimo gobierno de España, mientras que otras naciones sólo reconocen a la República como verdadero gobierno. En enfrentamiento no puede ser, pues más claro. “Al mismo tiempo el cardenal primado de España, Pla y Daniel, declaraba en Salamanca que: “La guerra es una cruzada contra los hijos de Caín”, con lo cual legitimaba el alzamiento de la nación en armas. De este modo la iglesia se situó claramente del lado nacionalista.
Mientras tanto, por aquí, la fiera desatada estaba en su apogeo criminal y aquel mismo dieciocho de septiembre organizaron otra de sus ejecuciones colectivas. Como drogados con el síndrome de abstinencia, pero esta vez de sangre y muertes. Eran unos seres malvados e irrecuperables.
La selección fue de madrugada y se componía de hombres jóvenes e inocentes, que fueron llevados al lugar ya mencionado, cerca del Penal de La Carraca y allí acribillados a balazos junto al caño.
Ninguno de ellos confesó ni se dejó convencer de que confesándose estarían mejor en la otra vida, así que el cura y   su presencia resultó de la más absoluta inutilidad ante aquellos mártires, minutos antes de morir.
Fueron ejecutados los siguientes:
          Ramón Dehesa Morales. Cabo de Radio de la Armada.
          José M. Fernández Lafón. Marinero de segunda. En Cádiz tenían un tío, José Lafón Sánchez, en calle A. de Castro 13-3º. Vivía en Linares (Jaén),
          César López Mosquera. Marinero de segunda.
          José Antonio Moreno Jaspe. Cabo primera. Natural de El Ferrol. 30 años. Casado con Casilda Aspiasun.    Hijo
de Antonio y María del Carmen. Tenía hijos. Vivía en Fuenterrabía (Guipuzcoa).
          Avelino Ortas Valdés. Marinero fogonero.
          Modesto Parada Ruiz. Soldado de Infantería de Marina.
          Baldomero Cerezuela Galván. Marinero de segunda.
 
Fueron enterrados en San Fernando pero una vez más no hay indicio del lugar. Podría haber sido en el cementerio militar que estaba situado en los Mixtos, por la vuelta afuera, o en fosa clandestina. Una vez más no puedo creer que hubiera motivos para su fusilamiento. Había que imponer el terror y a aquellos les tocó servir de cabeza de turcos: ¡Pobres hombres, que trágico destino!
Nuestro Alcalde, Don Cayetano Roldán, seguía preso en la cárcel del mismo ayuntamiento y el bandido rebelde que lo reemplazó por la gracia de Olivera Manzorro. Capitán Isasí, estaba en su esplendor, nunca había soñado siquiera ser alcalde de una ciudad de cincuenta mil almas. Flotaba de vanidad cuartelera por tantas reverencias recibidas, tantos “buenos días, Sr. Alcalde”, y tanto pelotilleo a su servicio… para salvar a España y a la cristiandad, nos decía hasta atosigarnos y añadían que en  la otra zona, los rojos, estaban matando sin parar, mientras que en la nuestra, “gracias a Dios”, no ocurría nada de esas cosas, características en exclusiva de los rojos malos, ¿Qué va!, por aquí sólo les daban, muy tempranito, una tasa de Maggi, que estaba muy de moda por aquellos años.
Se apoderaron de todo, aquella banda de pelotilleros, capillitas, chupatintas e inútiles, y así nos fue la cosa. Nos convertimos en un pueblo apático, sin dinamismo, insensible, herido en nuestro centro, sangrando y debilitándose lentamente, temeroso y, como regla, odiando los recuerdos dolorosos que nos dejaron y si no hubiésemos sido así, no seríamos personas humanas, seriamos salvajes, como ellos.
En aquellos primeros días del alzamiento, el buque escuela “Juan Sebastián Elcano”, se encontraba en La Carrasca. Formaron en cubierta y el Comandante ordenó que pusiéronse aparte los que querían seguir fieles a la República y como la radio, entre noticias a favor de los golpistas y marchas militares, daba vivas a la República a la que habían jurado fidelidad, que de todas formas era lo mismo, aparentemente, que defendían los rebeldes, puesto que vitoreabanla. Así que, una vez seleccionados por el mandamás aquel, ordenó ingresarlos en el Penal del Arsenal y días después fueron todos fusilados.
El cañonero “Canovas del Castillo” también estaba en el muelle del Arsenal y, relativamente cerca, del también cañonero “Lauria”, que se encontraba fondeado en el lugar denominado “La Clica”. Este buque permaneció fiel a la República y su Constitución y no se entregaba. Entonces ordenaron disparar contra él al “Canovas”, pero la tripulación se negó. Entraron fuerzas rebeldes en este último buque y seleccionaron a los que fueron llevados días más tarde al paredón tras pasar por Cuatro Torres. Luego, ya se sabe, dispararon contra el “Lauria”, sobre la línea de flotación, hundiéronlo y, a la dotación la llevaron a… confesar sus faltas, primera etapa para acaba r fusilados después…
Ya he mencionado el célebre “marqués de las coliflores”, fusilador torpe y fanfarrón, amigo y camarada de otro tipo imbécil e indeseable, Catañeda, célebre también por sus  bravatas y amenazas en el Café donde paraba, “San Diego”, y, con sus camaradas, en “La Mallorquina”, nido de víboras en aquellos tiempos.
Estoy dando a conocer hechos y acaecimientos de mi Isla mártir, cometidos por un puñado de isleños salvajes y crueles, tratando de hacerlo con ecuanimidad, valiéndome de mi bolígrafo y mi memoria, principalmente, aunque para asegurarme de ello haya recurrido a algunos de mis amigos, de mi edad, que me han confirmado estas informaciones y  mi  buena memoria. No pretendo nada. Ni destapar la olla podrida que han tratado de ocultar durante tantos años, ni,  por supuesto, hacerle la competencia a los historiadores locales. Trato de descargar mi mente de tantos malos recuerdos, consecuencia de tantos malos ratos e injusticias cometidas y que ahora, hasta ahora y aún en estado de democracia, nadie ha osado contar. Quero dar a conocer algo de esa triste historia  para que se cumpla el dicho de que… “el pueblo que no conoce su Historia está obligado a repetirla”. No, ¡por favor!, que no se vuelva a repetir.
Continua……

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