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jueves, 5 de noviembre de 2015

UN ANGEL ANARQUISTA EN EL INFIERNO DE UN MADRID EN GUERRA


Un ángel anarquista en el infierno de un Madrid en guerra

En una guerra donde se mata y se muere es complicado encontrar a una persona que salve la vida de sus propios enemigos. El periodista Alfonso Domingo descubrió hace apenas un lustro la figura de un anarquista andaluz muy peculiar, afincado en Madrid y conocido con el apodo de ‘el Ángel Rojo’. Melchor Rodríguez, el personaje en cuestión, fue sacado a la luz a través de la novela escrita por Domingo para la editorial Almuzara en el año 2009 y que ahora se ha convertido en película documental:

“Todo el material inédito que he ido recopilando lo he querido mostrar en esta cinta que se mostrará próximamente en Andalucía”, afirma su autor. ‘Melchor Rodríguez, el ángel rojo‘ se estrena en Sevilla el próximo viernes 13 de noviembre en el Teatro Alameda, gracias a la dirección de Alfonso Domingo y la recopilación de testimonios tan revelantes como el de Santiago Carrillo o el hispanista Ian Gibson.

FRENO A LAS SACAS Y LOS PASEOS

Melchor Rodríguez es calificado por Domingo como un anarquista humanitario. “Siempre hablamos de gente que mata y muere y no de personajes históricos que en medio de la guerra salvan vidas, sea cual sea su ideología”, destaca el periodista para Andaluces Diario. En el Madrid republicano, asediado por la guerra, este exnovillero y anarquista de la CNT-FAI salvó a miles de personas de derechas. Domingo apunta que incluso “cuando Melchor fue nombrado Delegado Especial de Prisiones a finales del 36 detuvo las sacas de las cárceles madrileñas y los paseos”, jugándose en numerosas ocasiones la vida, como ocurrió frente a una turba en la prisión de Alcalá de Henares. Este gesto le permitió salvar a 1.532 presos, entre los que se encontraban importantes personalidades del futuro régimen franquista como era el caso de Muñoz Grandes, Martín Artajo o Sánchez Mazas.

La dimensión humana del ‘Ángel rojo’ era de tal calibre que en medio la guerra refugió en su casa a más de un centenar de personas perseguidas durante la República. Domingo recuerda cómo Melchor extendía “avales, salvoconductos y documentos que servían a personas y personalidades de distinta condición social para que pudieran salvar su vida y enseres”, rescatando a muchos de ellos de una muerte segura y ayudándolos en su salida al extranjero.

CINCO AÑOS DE PRISIÓN

A pesar de su intensa labor de salvamento, los golpistas no permitieron a su llegada a Madrid en abril del 1939 que aquel rojo “tan bueno” se salvara de la represión. Amapola Rodríguez, hija de Melchor, relata el profundo llanto de su padre y ella a pesar de que él les insistía que no iba a pasar nada. “Tenía mucho miedo y mi padre me decía: ‘niña, están entrando pero no va a pasar nada’, aunque lloramos mucho por no saber qué podía pasar”. Un tribunal militar lo condenaría a pena de muerte en mayo de 1940 con un juicio montado de testigos falsos. Gracias a la intervención de algunas personalidades del régimen, la pena le fue conmutada a veinte años de cárcel, cumpliendo cinco años en el antiguo penal del Puerto de Santa María (Cádiz).

Tras su salida de prisión, Melchor pudo ocupar puestos de responsabilidad dentro del aparato del nuevo régimen. Sin embargo, elegiría una vida discreta como vendedor de seguros y militante en la clandestinidad de la CNT durante toda la dictadura.

Su entierro, en febrero de 1972, ha sido recordado por personalidades de ambos bandos. Enterrado con la bandera roja y negra de la CNT y entonando el himno de los suyos, también recibió el último adiós de amigos como el franquista Martín Artajo que rezarían en su entierro un padrenuestro como muestra de dolor por un amigo que había salvado la vida de tantos sin entender de banderas. Y es que tal y como rezaba una de sus frases más escuchadas, Melchor afirmaba que “se puede morir por las ideas pero nunca matar por ellas”.


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